domingo, 27 de julio de 2014

CAPITULO XXXIV, LOS PRIMEROS COLGADOS, BROTES DE LA NACIENTE REVOLUCIÓN.

El descontento general se olía en México entero. Don Porfirio Días desde la silla presidencial regalaba las riquezas nacionales. Daba concesiones a los extranjeros para que explotaran las minas, los bosques, el petróleo, el ferrocarril, los textiles. En el rubro agrícola, todo el territorio nacional estaba repartido entre unas cuantas familias, siendo dueñas de haciendas de millones de hectáreas. En lugares alejados y de difícil acceso, como el Valle de Mexicali, le dio la concesión a compañías americanas para que explotaran esos suelos y aprovecharan las aguas del rio Colorado.
 No eran permitidas las protestas por parte de los trabajadores, con la popular frase presidencial, cuando le daban  alguna queja de posible revuelta “MÁTENLOS EN CALIENTE” resolvía todos los problemas. La sociedad mexicana empobrecida, estaba completamente domada, por eso el gobierno hacia lo que quería.
 En Juchipila el caciquismo era muy notorio. Por ser una región en donde no existían grandes extensiones de tierras de regadío, se sembraban las laderas de los cerros, al tercio, dos tercios para el dueño, y uno para el que lo sembraba. En el plan, en las pocas tierras de regadío, desde Apozol hasta Guadalajarita se plantaba caña para la fabricación de piloncillo y azúcar.
 En Remolino se sembraba todo el cerro de las ventanas, en lo alto, las laderas frente a El Remolino, en la parte de atrás. Todo era de un tal licenciado Delgadillo.
 Desde tiempos de la colonia, en lo que se conocía como el charco azul, un recodo del rio de aguas profundas y tan limpias que se miraban azules, en tiempo de secas se hacía una represa que elevaba el nivel del líquido y hacia que corriera por las acequias llevando agua a las tierras bajas de El Remolino, Contitlán y Guadalajarita. En esa labor trabajaban cientos de campesinos recibiendo 16 centavos por jornada, o una cuartilla de maíz. Pobre de aquel peón que se revelara, de inmediato llamaban a la acordada y eran llevados a la cárcel de Juchipila, si tenían suerte en una semana salían, pero si no, eran llevados de leva al ejército o en el peor de los casos, a Valle Nacional o a los henequenales de Yucatán.
 En esa  pobreza creció Casimira Quintero, abandonada por sus progenitores, viviendo de limosna. Nunca aprendió a leer y a escribir porque la educación era exclusiva para la gente adinerada. Creció salvaje, como todos sus contemporáneos, siempre acompañada por su prima Juanita Quintero, hija de su tío Basilio y por Camilo Pérez que era su vecino. En tiempo de secas Vivian en El Remolino, pero en tiempo de aguas su destino era incierto, Vivian donde conseguían tierra para sembrar, con suerte en El Remolino, pero si no en el Tepetate, en La Boquilla del Rio, en la Mesa del Huaje, o lugares tan lejos como Huajotitán o El platanar.
 En 1908, Casimira de ocho de edad, recordaría muchos años después cuando vio como colgaban a tres hombres en un mezquite que está en las faldas del cerro de las ventanas. La habían rentado como sembradora a don Fidencio Villarreal por una gallina echada con quince huevos, porque su hijo Juan, quien era su sembrador, no se podía levantar del petate, presa de “los fríos” (Paludismo)
 Desde las seis de la mañana empezaba la labor y terminaba hasta que oscurecía. Don Fidencio con un talache hacia un hoyo en aquella ladera de piedra y tierra, luego Casimira ponía en el hoyo dos o tres  semillas de maíz, de vez en cuando también una de calabaza o de frijol, luego con su piecito calzado de huarache tapaba aquel hoyo. La labor se detenía cuando iban a tomar agua hasta el huizache donde colgaban el huaje, o bien, cuando Fidencio, con su potente voz, cantaba una o dos estrofas de alguna canción ranchera, que era respondida por el eco de la montaña y por decenas de gritos de sus compañeros cuamileros, que un poco alejados, le respondían con otras canciones.
 Un día, estaban en la labor cuando escucharon las pisadas de varios caballos acercarse a ellos. Levantaron la vista y miraron media docena de rurales en sendos caballos, tras ellos, a pie, atados de las manos y jalados a cabeza de silla iban tres hombres. Muy golpeados, apenas podían caminar.  Se detuvieron junto al labriego y el que al parecer comandaba el grupo dijo.
__Oiga amigo ¿Le  molestaría si colgamos a estos cabrestos de ese mezquite? Los llevábamos al panteón, pero venimos pensando que no sería bueno enterrarlos luego, luego. Es mejor que se queden unos días colgados para escarmiento de los que se quieran meter a revoltosos.
__ No, no señor, como usted diga y mande __Con mucho miedo respondió Fidencio sin atreverse a mirar a los prisioneros fijamente.
__Bueno pues, vente para que nos ayudes, luego te vas a encargar también de enterrarlos. O a menos que quieras tener la hediondera aquí.
Al hombre no le quedo de otra más que obedecer. Dejo caer su talache, se limpió el sudor y le ordenó a Casimira.
__Aquí quédese mi niña, no vaya a mirar.
Como si le hubiera dicho vengase, Casimira se fue tras ellos. No  caminaron  mucho, pronto llegaron hasta el mezquitón que frondoso lucia tres ramas perfectas para el plan de los rurales.
__Se escuchan muchos talaches por ahí__ Dijo el jefe de la acordada, luego le ordenó al cuamilero __llama a todos los que anden por aquí cerca, quiero que vean este escarmiento.
Fidencio obedeció, lanzo un chiflido largo que era la señal que algo estaba pasando y necesitaba auxilio, luego gritó llamando a los campesinos que lo escuchaban. Presurosos aparecieron algunos. Al mirar a los rurales se quisieron regresar, pero comprendieron que era mejor seguir y esperar que no fuera nada en contra de ellos. Así temerosos se reunieron unos quince cuamileros adultos y sus respectivos sembradores. Una vez que estuvieron ahí, el jefe de los rurales les habló.
__Miren, ven estos piojosos, pues los vamos a colgar. Andan de revoltosos diciendo una sarta de mentiras y hablando del supremo gobierno y de nuestro presidente de la  Republica. Por eso se van a morir. Quiero que le platiquen a la demás gente que es lo que pasa con los habladores.
 Los campesinos estaban súpitos. A pesar de lo hinchado que tenían el rostro los  prisioneros por la golpiza que les habían propinado, los habían reconocido, uno era de los Robles de Juchipila,  otro, un hijo de Ambrosio Haro, de El Remolino, el otro, era alguien a quien llamaban el profesor. Decían que aquel muchacho había llegado a Juchipila para dar clases particulares a los hijos de los ricos, pero que un día, renuncio a ese trabajo y se fue por el campo enseñando a los hijos de los campesinos, que les hablaba de la libertad, de la tiranía de don Porfirio, que en Veracruz había habido una huelga y que lo mismo se podía hacer en los trapiches, no trabajar hasta que se les pagara un sueldo justo. A los cuamileros les decía que la cosecha no se debería de repartir, que era total para quien trabajaba la tierra. Su voz poco a poco fue alimentando conciencias y un día lo empezaron a seguir varios jóvenes inspirados por sus palabras. Desgraciadamente, aquella mañana, el dueño del trapiche del Ahualulco había llamado a la acordada porque los trabajadores se negaban a trabajar, pues pedían que de veinte centavos que ganaban al día, le subieran mínimo al tostón. Que los del brete era uno de los Haro del Remolino, uno de los Robles y el mentado profesor. Cuando llegaron los rurales no tuvieron tiempo de huir.  
__Por eso los vamos a colgar, para escarmiento de los demás __Seguía diciendo el rural __ ¿Alguien se opone?
Nadie respondía nada. Era mucho el temor, eran campesinos domados por el miedo. De alguna manera todos tenían parentesco con el joven Haro y no había manera de defenderlo.
__Bueno, pues esto es para que aprendan que el que se porta mal, se muere.
__ ¡Asesino! ¡Cobarde! __ Se escucharon aquellos gritos y el rural volteo rabioso para mirar al que los expresaba. Era el llamado profesor, que sabiendo que estaba a punto de morir, se defendía con lo único que lo había hecho siempre, con su palabra y la razón __ ¡Hermanos campesinos! ¡Luchen por lo que es suyo! ¡La tierra en donde trabajan! ¡No sean esclavos de los ricos! ¡Tenemos derecho a que la tierra sea nuestra! ¡El gobierno es un tirano! ¡Muera don Porfirio!
No alcanzo a decir más, porque un puntapié en el estómago lo hizo caer sofocado, pero al ver al profesor caído, los otros dos muchachos también empezaron a gritar.
__ ¡Ya no nos dejemos, el trapiche es nuestro, y la caña también!
__! Mueran los rurales, asesinos de don Porfirio!
__ ¡Vivan los hermanos Flores Magón!
__ ¡Mueran los rurales y todos las ratas del gobierno!
Al momento el jefe de los rurales dio la orden para que tiraran sogas a las ramas del mezquite. Luego, haciendo una lazada la colocaron en el cuello de los jóvenes y a cabeza de silla les dieron un jalón para que quedaran colgados, pero antes de que al muchacho de los Haro lo colgaran les grito.
__ ¡Díganle a mi padre que muero libre! ¡Que es mejor muerto con orgullo, que de hambre y arrodillado! ¡Que no me arrepiento y a mis hermanos les digo que sigan mi lucha, que vayan con…Aghh! __Ya no termino su frase porque la cuerda tensa se lo impidió.
Casimira, Nieves Horta, María Gómez, Eleuterio Horta, Camilo Pérez y otros niños que también eran sembradores,  miraron horrorizados como los cuerpos se movían presa de la agonía. Por mucho tiempo Casimira tuvo pesadillas cuando recordaba aquellos ojos abiertos y como de aquellas bocas abiertas salían las lenguas y un quejido largo y doloroso.
 Los cuerpos no amanecieron colgados del mezquite. Por la noche, Ambrosio Haro, acompañado de sus otros hijos y de algunos parientes, fueron, los descolgaron y los sepultaron ahí mismo, al pie del mezquite, luego volvió a su casa, encargó sus animales y con el resto de su familia se fueron para Guadalajara. Ya no se volvió a saber de ellos sino hasta 1914 cuando volvieron hechos villistas, uno de ellos era coronel. Volvieron luego de la toma de Zacatecas, cuando Villa y sus tropas se dirigían a la perla tapatía, para luego a la ciudad de México. Volvieron fuertes y prepotentes como eran los rurales en épocas pasadas, volvieron humillando a la gente pobre y quitándoles el maíz y sus animales para alimentar la tropa, volvieron convertidos en lo que ellos mismos habían repudiado. En esa misma revuelta también volvió Florentina Ríos, convertida en una soldadera, fue ahí cuando la conoció Casimira Quintero. Pero esa ya es otra historia.

jueves, 17 de julio de 2014

CAPITULO XXXIII, ¿PASIÓN O AMOR MATERNAL?

Nacía  el nuevo siglo, el siglo XX. Juchipila y sus rededores sufrían las injusticias de los poderosos, que amparados por la policía rural abusaban de los desvalidos, obligándolos a trabajar doce horas diarias por un puñado de maíz o de camotes.
Florentina Ríos parió ese año, 1900. Los dolores le empezaron desde el día dos de marzo, era madre primeriza. Petra, su madre se veía preocupada. Mandaron traer a la comadrona, doña Eliseida, pero esta mujer que había ayudado a tantas mujeres a traer sus hijos al mundo, se sintió incapaz de ayudarla, ya otras veces había visto el mismo caso.
__ El chamaco viene atravesao, yo creo que se nos va morir, y a lo mejor también Florentina. No hay nada que hacer, solo que quiera ir a traer al dotor de Juchipila, dicen que él sabe más, pos sabe, allá ustedes.
Antonio no espero más, a toda carrera salió con rumbo a Juchipila. Llegó a la casa del doctor Ramos y desesperado toco la puerta del zaguán. Una sirvienta acudió  a atenderlo y lo invitó a pasar al patio, como tenia ordenado hacerlo cuando alguien buscara al doctor. Ese día el medico tenia visitas. En el patiecito de la casa, sombreados bajo un limón estaba una mesa y sobre ella una jarra con agua de Jamaica. Seis hombres alrededor de ella, sentado en sendas sillas discutían acaloradamente sobre la situación del país. Antonio solo reconoció plenamente  a dos, al doctor Ramos y a don Crispín Robles, a los otros como que los había visto por ahí, a lo mejor no. Con el sombrero en la mano se paró a cierta distancia, esperando que el doctor lo atendiera. Desesperado escuchó a don Crispín Robles hablar.
__Y dejen de eso, no todo son los abusos de los rurales, es la gente que se llevan de Juchipila, nunca regresan. A veces sin motivo alguno. Se dice que se los están llevando a Valle Nacional. Quién sabe.
__ Una revolución es lo que necesita el país. Alguien que se levante en contra de don Porfirio __Dijo un viejo que Antonio a veces veía en el mercado.
__ Si don Brigido, una revolución para derrocar al viejo, pero, ¿Quién la inicia? Ese es el pedo, quien encabece un movimiento. Para mi don Porfirio se reelige y se vuelve a reelegir hasta que se muera, es mucho el miedo que le tenemos. A menos que…
__Sssth __ Hizo ese sonido el doctor Ramos para indicar que guardaran silencio al notar la presencia de Antonio, eran palabras muy delicadas para la época y en nadie se podía confiar.
__ ¿Qué pasó? ¿Quién eres? ¿Qué quieres?__Dijo molesto el galeno.
__ Yo soy de aquí del Remolino, venía a ver si puede ir a ver a mi señora, va a tener un chamaco y no puede parir.
__ ¡Y la partera pues! __Dijo molesto don Crispín Robles __ llévasela.
__ Ya fue, pero dice que el chamaco viene de nalgas, que no puede hacer nada, que se pueden morir los dos.
__ Bueno, bueno, ni hablar, se acabó la charla señores, el deber me llama.
__ Si quiere yo voy doctor Ramos, usted quédese atendiendo sus visitas__ Dijo un joven que Antonio no había visto nunca, pero que tenía el tiple de habla como la gente de los Altos de Jalisco.
__No doctor Mariano, no, como cree. Además  también usted es mi visita, pero es más, porque no me acompaña y entre los dos ayudamos a esa mujer.
__ Con mucho gusto. Un honor trabajar al lado suyo.
El doctor ordeno que engancharan su calesa mientras se despedía de sus invitados. Una vez que estuvo en la calle la abordaron él y a quien llamara doctor Mariano, Antonio fue a un lado de ellos caminando.
__ ¿Cómo la ve doctor Mariano con estos locos anti porfiristas?
__Locos igual que usted y yo doctor Ramos. Es un gusto conocerlos. Qué bueno que usted es el único que tenía este libro de anatomía que me ha regalado y por el que vine desde Lagos. Mi logro no ha sido conseguir el libro, mi logro ha sido el escuchar a personas como ustedes, con las que me identifico plenamente. Le digo una cosa, yo si creo que va a haber una revolución, ¿Cuándo? No sé, pero  sépaselo desde ahorita, Juchipila será la cuna de ese movimiento.
Así, charlando llegaron al Remolino. En donde con mucha pena les anuncio Antonio.
__Han de dispensar ustedes, pero la enferma no está aquí en el Remolino, está en la Boquilla del Rio, ahí nomás enfrente, pasando el rio pues. Es que ando desmontando un cuamil y allá estamos viviendo.
__¡Uf!, bueno pues, llevamos para allá pues.
Salieron del camino real y tomaron con rumbo al rio, lo pasaron, llegaron a unos jacales y ahí dejaron la calesa porque ya no podía pasar, pues el camino se reducía y solo se pasaba a pie, pues era por una peña pegada al rio, en donde solo se podía pasar por el bordo de cal y canto que hacía las veces de un canal de agua, luego llegaron a un planito, ahí había otros jacales.
El doctor Mariano miraba emocionado el paisaje, pues de repente habían entrado en un cañon, entre el cerro del guaje y el cerro de las Ventanas. Era un paisaje bellísimo. Laderas casi verticales por ambos lados rematando en peñascos, al pie un hermoso rio de aguas cristalinas. Luego se pensó para sus adentros, lugar idóneo para una emboscada de bandidos. Si aquí nos quieren robar, ni para donde hacernos.
 Desde antes de llegar al jacal escucharon los gritos de Florentina. Ya estaba desde el día anterior con aquellos dolores. De inmediato los hombres entraron a la estancia. Muy oscura por carecer de ventanas.
__ A ver tu __ Le ordeno el doctor Ramos a Antonio __ Ayúdanos a sacar a esta mujer al sol, aquí no se ve nada.
Así lo hicieron y la acostaron en un petate a la sombra de un guamúchil. Algo retirada doña Eliseida la partera solo observaba. Los doctores ordenaron que trajeran agua caliente. El doctor Mariano se sorprendió al mirar que era de color azul.
__ No se asuste doctor Mariano__ le explico el doctor Ramos__ el agua es limpia, solo que estos rancheros les gusta aventarle troncos de un árbol que se llama varaduz a los pozos, y esos troncos pintan el agua. Pero el agua es limpia.
__ Es que en Jalisco también hay manantiales de agua azul doctor,  pero no tan azul como esta.
Ya afuera y con las manos lavadas, los dos galenos analizaron la situación. La mujer ya estaba muy mal, el feto no podía salir por venir de nalgas. Se miraron, la situación era muy delicada. La mujer no paraba de gritar.
__ Mire doctor Mariano, la criatura esta atorada. A lo mejor ya está muerta. Voy a meter la mano en la mujer y con el puño voy a empujar al niño hacia adentro, usted intente acomodarlo apretando sobre el abdomen de la mujer, no le importe que grite y llore, lo importante es sacarlo, a ver si podemos voltearlo y que se venga de cabeza.
Así lo hicieron, el doctor Ramos metió la mano en el cuerpo de Florentina y con un empujón volvió a meter el pequeño cuerpo que pugnaba por salir, al mismo tiempo Mariano lo masajeo y como un acto milagroso, el cuerpecito dio vuelta dentro de su madre y quedo de cabeza apuntando a la salida, al momento salió disparado por lo cual prácticamente tuvo que cacharla el doctor Ramos. Inmediatamente cortaron el cordón umbilical, luego el médico tomándola de las patitas le dio una nalgada y se escuchó un llanto que retumbo por aquellos lares.
__ Una niña doctor Mariano. En hora buena señora, tiene una hermosa y muy blanca niña.
Con rabia volteo a verla Florentina que aun jadeaba por el esfuerzo hecho. Respondió malhumorada.
__ Una vieja, pa acabarla, una vieja. Por eso me hizo sufrir tanto. Llévesela de aquí, no quiero verla.
Los doctores que reían satisfechos por su buena labor, se miraron uno al otro. No podían creer lo que estaba diciendo aquella mujer. Mariano tomo a la niña y con ella en brazos llamo a las otras mujeres, que a distancia gritaban emocionadas al ver el buen resultado, Petra, la abuela entre ellas.
__ Traigan una cobijita y ropita para que cambien a esta criatura __Luego dirigiéndose al padre de la recién nacida dijo__ Señor Antonio, felicidades, es papá de una hermosa nenita.
Antonio veía emocionado a su primogénita. No podía creer en tanta belleza, veía a su hijita como un angelito.
__ ¿Cómo le vas a poner a tu nena? __ Le pregunto el doctor.
__ Pos habíamos pensado que si era hombre, se llamara Martin, pero como salió mujer, quiero que se llame Casimira, si, así, Casimira Quintero Ríos. Hasta su nombre se escucha bonito. Porque nació un día bonito, hoy, el tres de marzo, que no hace ni frio ni calor…ella va a ser muy feliz, de eso me encargo yo. Y ahora si hágame el favor de decirme como se llama usted doctor, y dígame también cuanto le debo.
Mientras se estrechaban fuertemente las manos, el galeno respondió.
__Mi nombre es Mariano Azuela, y a mí no me debe nada, yo solo soy el acompañante del doctor Ramos, pregúntele a él.
__ Pues gracias doctor, pero si no me va a cobrar nada, entonces dígame en donde vive, para llevarle unas pitayas ahora que se nos vengan en mayo, y unos guamúchiles ya que  se den.
__No amigo, eso va a ser muy difícil, yo vivo en Lagos de Moreno, muy lejos de aquí. Así que va a ser difícil que me des las pitayas. Yo solo vine por un libro con el doctor Ramos y me lo ha regalado, así que no se lo voy a regresar. Va a estar muy difícil que yo regrese por aquí algún día.
Que equivocado estaba el doctor Mariano Azuela. Él iba a volver quince años después, herido de bala en una pierna, cuidando  también a un coronel herido y los iba a atender nada más ni nada menos, que la niña que acababa de traer al mundo, en quien luego se inspirara y la llamara Camila en lugar de Casimira en su tan famosa novela “Los de abajo” pero eso, es un capitulo que narraremos más delante.
Equivocado también estaba Antonio. Casimira no sería tan feliz como él deseaba, al menos no en su infancia.
Ese año Antonio con anticipación reunió a sus compañeros de danza para empezar a ensayar. Le había prometido a la Santa Cruz, que si su hija nacía bien, él se encargaría de organizar la danza y que le bailarían en todas las fiestas de la comarca. Por eso su preocupación de que estuviera bien ensayada. Desde mediados de marzo, apenas dejaba de trabajar por la tarde, ya fuera en la desmonta de su cuamil, o en el trapiche, se iba a la plaza de El Remolino y ahí se reunía con sus compañeros. Desde esa hora hasta las diez de la noche, danzaba y danzaban, preparándose para las ya muy cercanas fiestas del mes de mayo.
Había una cosa que se le hacía extraña, que casi todos los días cuando el regresaba, se encontraba en el camino a el mentado Machete. Aunque estaba oscuro, notaba una sonrisa de burla en aquel personaje, quien siempre aludía cualquier cosa por la que venía del otro lado del rio. Al llegar a su casa encontraba a su esposa ya dormida, o que se hacia la dormida para no hablar con él.
Cuando pasaron los cuarenta días del nacimiento de su hija, Antonio exigió que se reanudaran las relaciones maritales, como era la costumbre por aquellos lugares, pero Florentina lo rechazo, aduciendo que había quedado mal después del parto y que estaba adolorida, que dejara que pasaran al menos tres o cuatro meses. Antonio era un hombre joven, vigoroso, necesitaba de su atención, pero se tuvo que resignar.
Ese año en las fiestas del tres de mayo, Antonio noto algo extraño en su esposa y el amante de su suegra. Mientras el danzaba delante de la procesión, alcanzo a ver como que su mujer alegaba algo con el machete. La miro enojada, con el ceño fruncido como se le ponía cada vez que algo la molestaba. El tal machete sonreía cínicamente. En la plaza, frente a la Cruz, mientras danzaba buscaba a su esposa entre la gente y no la encontró, luego de algunos sones se tomaron un descanso y de inmediato Antonio se dio a la tarea de buscarla. Se sentía molesto, tan molesto como don José Torres que corría de una higuera a otra, alejando a la gente que se acercaba para tocar aquellas hojas tiernas, grandes   y tan verdes.
__ ¡Háganse pa allá con  una chingada! ¡Que no entienden que las pueden secar porque traen las manos llenas de manteca! __Ahí dejó Antonio  al buen hombre con sus gritos y sus cuidados, gracias a don José Torres  fue que sobrevivieron aquellas plantas. Antonio siguió en la búsqueda de su esposa. Se encontró a su suegra que cargaba a Casimira.
__ Oiga ¿Y Florentina?
__ Pos sabe, también la ando buscando, esta criatura no para de llorar porque no ha comido y ni sus luces de esta. Ni tampoco encuentro al machete, me dijo que quería chicharrones y no me dio dinero. Sabe dónde se habrá metido.
Antonio no dijo nada. La última vez que los había visto era en el zanjón, cuando paso la peregrinación, hacia allá se dirigió. A toda carrera tomó por la calle curveada que por ese entonces ya se empezaba a formar. Por el ajuar de danzante que traía y por el ruido que este producía, fue que lo escucharon y tanto el Machete como Florentina salieron de atrás de un mezquite, discutiendo aun.
__ ¿Qué pasa? __Dijo Antonio intrigado.
Florentina, sin perder el aplomo dijo enojada.
__Este lebrón, que anda de caliente con la mujer de Anselmo Magallanes y con la hija de Felicitas Munguía, y ya no lo niegues.
__ Mentiras Florentinita, mentiras, a figuraciones tuyas.
__ ¿Y tú qué? Si anduviera con ellas.
__ Como que ¿Yo qué?  Pues que no ves que él es el marido de mi madre y yo no quiero que ella vaya a sufrir si se da cuenta.
__ Mentiras Florentinita, mentiras que me inventa la gente.
__ Ándale __ Dijo Antonio imperativo __ tu madre te anda buscando con la niña, anda llorando de hambre y tú por acá defendiendo propiedades ajenas. Ándale, cuélale para la plaza.
__ Ahorita voy
__ ¡Dije que ya!
Por primera vez en su vida Florentina miro a su esposo de una manera distinta. El rostro adusto, era alto, pero lo vio como un gigante, los puños cerrados, los ojos rojos.
__ ¡Váyase! Yo tengo un asunto que arreglar con este hombre.
__ ¿Co, co, conmigo?__ Pregunto el machete tartamudo.
__ ¡No! __Replico Florentina valerosa __ nos vamos todos o no me voy
Temía que al dejar a los dos hombres solos podía pasar una desgracia. Hasta ellos llego el sonido del violín de la danza llamando a los danzantes para que bailaran otros sones.
__ Vámonos pues __ Dijo Antonio __ Ya en otra ocasión vamos a hablar usted y yo.
En la plaza encontraron a Petra y esta de inmediato le entrego la niña a su madre, luego feliz por ver al machete fueron a comprar sus chicharrones.  Petra se fue a la casa a preparar la cena. El machete se fue al puesto de aguas frescas que era atendido por Macrina Bañuelos, la esposa de Anselmo Magallanes.
Mientras danzaba, Antonio no dejaba de observar. Su esposa seguía con su rabia, cuidando también al machete. Macrina Bañuelos no paraba de reír, solo que su alegría termino cuando vio que el machete compraba una flor perfumada y se la regalaba a Dolores Munguía, la hija de Felicitas.
En un descanso de la danza, Anselmo Magallanes, que también era danzante, se acercó a Antonio y mientras le invitaba un trago de ron de caña le dijo.
__ Sabes Antonio, traigo un mal pensamiento y a ver si no te me ofendes, pero es mejor hablar de hombre a hombre.
__ Tú dirás Anselmo, ¿Qué se te ofrece?
__ Pos nomas quiero decirte que hasta qué punto perdería tu amistad, si por ahí se me atraviesa tu suegro y le doy un piquetito. Le traigo mala idea y por ahí me llegaron unas platicadas que no son de mi agrado.
__ Mira Anselmo, si matas a una cucaracha y la remueles con el guarache, es el mismo coraje y rencor que te voy a tener si matas a ese jijo de la guayaba. Yo creo que le harías un favor al pueblo. Tus motivos has de tener y no es de hombres andarse preguntando.
__ Bueno, porque te voy a decir una cosa, dicen por ahí que no nomas yo tengo motivos para matar a ese jijo de la jijurria.
Antonio cambio de color en el semblante. Sintió que la sangre se le ponía caliente, no podía imaginar que la gente anduviera hablando a sus espaldas por algo que empezaba a sospechar.
__Pero como dices tú Antonio, no es de hombres andarse contando cosas y la deshonra no es bueno andarla presumiendo. Pero hasta Felicitas Munguía tiene motivos para despedazar a ese jijo.
Antonio no dijo nada, solamente tomo del brazo a Anselmo y le dijo. __Haga lo que tenga que hacer, antes que se le adelante otro. Por mí no hay problema. Vamos a seguir danzando.

Solamente en la fiesta del tres de mayo danzaban todo el día, en las fiestas de las otras rancherías, generalmente solo de madrugada, cuando el cura daba la misa o ya muy tarde, cuando regresaban de trabajar.
Fue en la fiesta del seis de mayo. Le tocaba en la Boquilla del Rio, nomás pasando el rio frente  a El Remolino.
Desde muy temprano se levantó Antonio y se puso su ajuar. Dejo a su mujer y su hija dormidas. Llegó al patio recién regado de la ranchería y contempló aquella cruz de mezquite, de las que hiciera Bernabé. Se juntó el grupo de danzantes y apenas iba a iniciar el primer movimiento cuando llego corriendo Amalia Magallanes, hermana de Anselmo.
__ ¡Te lo dije hermano! __Entre resoplidos alcanzo a hablar__ Apenas te saliste de tu casa y entró ese prieto del demonio con tu mujer, y no la oímos gritar ni pedir auxilio, al contrario, la oímos echar una carcajada. Si ya te lo hemos dicho, esa mujer es mala.
Anselmo no escuchó más, a toda prisa volvió a su casa y con el todos los demás danzantes. Se fueron a su jacal, pero Antonio no, él se fue al propio. No sabía que iba a encontrar, pero le pedía a Dios que no fuera a ser lo que él pensaba. Para su fortuna su mujer y su hija seguían tan dormidas como las había dejado. Ya no regresaron a danzar. Florentina se levantó y le dio algo de almorzar. Ese día lo había contratado Florencio Rodríguez de Guadalajarita, para que le ayudara a plantar camote. Allá se encontró con otros compañeros danzantes que fueron los que le contaron.
__ ¿Qué paso con aquel?
__ Pos nada tú, con el ruidaso que llevábamos con los trajes de la danza, el tal machete se salió a tiempo. Lo vimos que brincó la cerca, iba todo encuerado, como estaba todavía oscuro ni cuando lo fuéramos a alcanzar, se perdió en la oscuridad.
__ ¿Y Anselmo, su mujer?
__Pos la agarro encuerada también. Nadie decía nada, si la mataba pos bien merecido se la tenía. Pero ella le suplicó por los hijos que tenían, que no los fuera a dejar sin madre. Pos seguro lo convenció, pero él le puso de condición que tenían que ir a Moyahua a que le jurara delante del Santo Santiago que ya se iba a portar bien. Ya ves que él es muy creyente del santo patrón. Pues la mujer se puso unas enaguas y ganaron pa allá. Allá han de andar ahorita. Vieras que bien se miraba la mujer de Anselmo, esta chula la condenada. Puras de buen talante se agarra el mentado machete.
Luego una carcajada generalizada. Antonio pensó que también se burlaban de él, en ese entonces la gente decía, que entre Antonina Horta y Florentina Ríos, ni a cual irle de más hermosa.
En eso llego el dueño de la tierra que iban a plantar y les dio órdenes para que iniciaran el trabajo, así se distrajo Antonio un poco, aunque una extraña sensación no lo dejo estar del todo bien.
A la media mañana Florentina atizaba la hornilla en donde hervía una olla con frijoles, mientras preparaba el nixtamal que molería en el metate para echar sus tortillas, cuando una sombra le tapó el sol. Alzo la vista y contemplo al machete con un tambachi en el hombro. Ella sonrió emocionada, pero el hombre no correspondió a su sonrisa.
__ Mírelo, que aventado, venir a verme hasta acá ¿No le da miedo?
__ Solo vengo a despedirme Florentina, me voy
Ella sintió un vuelco en el estómago y se incorporó de inmediato.
__ ¿Qué? ¿A  dónde? ¿Por qué?
__Aquí ya no quepo mi alma. Me andan buscando para matarme. Me voy, solo vine a despedirme.
__ ¡No! ¡No te puedes ir!
__Si me quedo me matan
__ Llévame contigo
__ No se  puede mi alma, tú tienes una cría y yo no voy a cargar con las crías de otro. Además nos estorbaría para poder ir más rápido.
__ ¡No! ¡No me puedes dejar!
__ Ni modo mi alma, si no tuviera esa cría, créame que me la llevaba, es la vieja que más me cuadra de este rancho. Pa otra vez será.
Florentina empezó a temblar desesperada. Miro que el machete se encamino a la puerta del patio para tomar camino.
__ ¡Espérame! __ Le grito desesperada __Nomas déjame agarrar mi reboso.
Entro al jacal apresurada. Miro a su hija que sonriente jugaba con una sonaja de guaje sirial. Se iba a quedar sola. Sin madre. Iba a llorar y los vecinos iban a ir a ver qué pasaba y podían sospechar, le avisarían a su esposo. Sin medir consecuencias tomo un chiquigüite redondo que estaba repleto de la ropa sucia que iría a lavar aquella tarde;  los calzones de manta de su esposo, sus enaguas, las mantillas sucias de su hija y sin más lo vacío sobre la cuna tapando completamente a su hija, para que si lloraba, no se escuchara su llanto, luego tomo su reboso y salió corriendo para alcanzar al machete. Si se moría, mejor para ella.
__ ¿Y su cría mi alma?
__ Que ahí se quede, con su padre que la quiere tanto. Y pa donde vamos pues.
__ Mire, vamos pa arriba, a la gente que nos encontremos le vamos a decir que vamos pal norte, pal Paso pues, pero pasando apozol vamos a agarrar vereda pa Nochiztlan y luego nos regresamos pa Guadalajara, allá tengo dos hermanos, ellos nos darán posada. O si no, pos por ahí hacemos casa, pos total.
__ ¡Ya los oí jijos de su…!
A ese grito voltearon asustado. Petra Lujano con un leño en la mano se acercaba a ellos amenazantes.
__ ¡Sabía que andabas con pirujas, pero nunca me imaginé que con esta perra! ¡Él es mi hombre! ¡Maldita! ¡Maldita!
 El machete se acercó a la mujer que enfurecida le lanzo un golpe, lo eludió y con mucha facilidad le quito el garrote. Al verse desarmada no le quedo de otra más que la amenaza.
__ ¡Los escuche malditos! ¡Los escuche! Ahorita voy a ir a buscar a Antonio y le voy a decir para donde van. No se van a salir con la suya.
Los amantes se miraron uno al otro desconcertados. Se asustaron. Petra se dio la media vuelta. Florentina fue la que lo ordenó.
__ ¡Mátala Machete, mátala antes que alguien nos descubra!
El machete obedeció. Con el mismo palo que Petra llevaba, la alcanzo y por la espalda le dio un golpe en la cabeza, la mujer cayó desmayada, ya en el suelo el golpeo en varias ocasiones hasta que vieron que le salieron los sesos. Luego entre los dos la arrojaron a una hondonada que llamaban el Arroyito Cagón y pisando fuerte hicieron que callera un paredón sobre el cadáver de la mujer y quedo semi tapado, de tal modo que no se veía desde el camino real, luego, a toda prisa la pareja siguió su camino.
Al llegar al lugar donde Bernabé tenía sus cruces, en el surco de nopales encontraron a una chiquilla sentada en un bulto de ropa.
__ Esa es Dolores Munguía __ Dijo Florentina en voz baja.
__ Ey __ Respondió el machete __ Aquí la había dejado esperándome mientras me iba a despedir de ti. Nunca pensé que te animaras a venirte conmigo, así que me la traje a ella.
__ ¡Dile que se regrese!
__ Como cree mi alma, si ya la tengo aquí. Se va con nosotros, no voy a desaprovechar un cuerpito nuevecito y virginal. Vámonos __ Le ordenó a la jovencita.
__ SI va ella no voy yo __ Amenazo Florentina.
__ Pos regrésate, ya sabes lo que hicimos, allá tu __ Abrazando a Dolores dijo __ O usted que dice Lolita, verdad que no hay problema que me las lleve a las dos.
__ Por mí no, si a la que va a querer es a mí.
__Las voy a querer a las dos, pa las dos tengo __ Luego estiró el brazo desocupado y en el acurrucó a Florentina y así, con las dos mujeres abrazadas siguió su camino.
Al llegar a Juchipila fueron al lugar donde se reunían los arrieros y ahí preguntaron insistentemente, que les dieran instrucciones para llegar al Paso, Texas, que les urgía llegar allá, y luego a Arizona. Fueron muy pocos los que pudieron darles instrucciones.
La jornada de trabajo termino temprano, para las tres de la tarde ya habían terminado de plantar y Antonio y sus compañeros regresaron a El Remolino.
Antes de llegar al jacal se le hizo extraño no mirar humo salir de la tronera, a esa hora todas las mujeres encendían los fogones para esperar a sus hombres que venían hambrientos. Apresuró el paso. Llego llamándola. Todo era silencio. Entro al jacal, sobre la cuna vio un cerro de garras, una manita de su hija sobre salía de ellas. Colgaba de la cuna. Antonio pensó en lo peor. Quitó los trapos y al momento despertó su hija que en un acto de supervivencia, con las pocas fuerzas que tenía, movió los trapos he hizo un huequito por donde le estuvo pasando aire para poder sobrevivir. Las garras opacaron el sonido de sus llantos, por eso los vecinos jamás imaginaron la situación de la niña, al ver todo en paz imaginaban que Florentina andaría con su madre, o en otra parte, pero nunca supusieron que Casimira había estado en peligro de muerte.
Con mucho amor levantó a su pequeña y al darle un beso empezó a llorar reclamando alimento. Con ella en brazos fue al jacal de Petra, no la encontró, luego fue a la casa de su hermano Baudelio y ahí le dieron la mala noticia.
__ Antonio, Florentina se fue con el Machete, Florentina y la hija de Felicitas Munguía. Dicen que se las llevó desde temprano.
Antonio apretó las manos. Sintió que la rabia lo carcomía.
__ ¿Y porque no me avisaron?
__ Pos te fui a buscar a tu cuamil, no sabía que andabas en Guadalajarita.
__ ¿Por qué no fueron a ver a mi hija, se estaba muriendo con una pila de garras en la cara?
__ Es que nos dijeron que llevaba un tambachi, pensamos que era la niña, cuando nos íbamos a imaginar que no la llevaba.
__ ¿Pa onde ganaron?
__ Dicen unos arrieros que pal Norte, según esto para el Paso, Texas.
__ Bueno, ta bueno. Ordeñen una chiva, denle de comer a Casimira. Aquí te la encargo hermano.
__ ¿A dónde vas?
__ A hacer lo que tengo que hacer. Cuida de mi hija mientras regreso.
Al decir eso, desclavo un machete que Baudelio tenía en un troncón de mezquite y apretándolo con mucha fuerza salió al camino real y casi corriendo agarró con rumbo al norte.
Jamás regreso Antonio. Nunca encontró a Florentina. Llegó al Paso Texas y luego siguió camino a Arizona en donde dicen que fundó un pueblo. A su hija nunca la desamparó, jamás dejó de mandarle dinero, lo malo era que en aquella época las remesas duraban meses en llegar, además, algunas veces se perdían o si llegaban, las personas que cuidaban de Casimira lo consideraban un pago y no le daban a la niña nada de lo que su padre mandaba. Fue criada como una arrimada, sufriendo desprecios, maltratos, viviendo de lastima. En todas partes la llamaban, la niña abandonada. Por eso Antonio se equivocó al decirle al doctor Mariano Azuela, que su hija seria por siempre feliz.
Antonio, como ya dije, jamás regreso, pero Florentina sí, volvió años después, luego de la toma de Zacatecas, cuando Villa iba rumbo a Guadalajara, pero esa, es otra historia.