miércoles, 3 de diciembre de 2014

CAPITULO XXXVIII, LOS CRISTEROS EN JUCHIPILA

imagen de moyahua.com

En 1926, Plutarco Elías Calles, como presidente de México, mandó cerrar las iglesias, ordenó que todos los sacerdotes se concentraran en las capitales de los estados para un registro, prohibió la celebración de cultos religiosos y perdió contacto con el vaticano. Esto molestó a una sociedad sumamente religiosa y trajo como consecuencia la guerra cristera. Un movimiento armado más cruel que la revolución, pero con un fin definido, destituir al gobierno para tener libertad de culto.

Por parte de los católicos, se organizaron muchas personas en las capitales y formaron un grupo secreto que se denominaba la liga defensora de la libertad religiosa  “La liga” esta agrupación se encargaba principalmente de proveer de pertrechos a los soldados “cristeros” como se denominó a quienes luchaban en combates contra el ejército por defender su causa.



La mayoría de estos soldados cristeros, eran campesinos, personas de mucha fe que sentían rabia por no poder ir a  misa y salvar su alma, les había sido prohibida sus fiestas religiosas en donde tan sabroso se emborrachaban y daban rienda suelta a sus euforias.

Casi todos los sacerdotes obedecieron la orden de recluirse en las capitales, registrarse y dejar de dar misa, sin embargo hubo algunos rebeldes que se quedaron en el campo haciendo sus cultos, incluso se armaron, aprendieron a disparar y se olvidaron del sagrado mandamiento de no matarás.

Al principio de este movimiento, se levantaron en armas muchos grupos sin ton ni son, atacando sin estrategia alguna a federales, perdiendo la mayoría de combates, poniendo en peligro el movimiento cristero.

En el cañón de Juchipila, apareció un líder llamado José María Gutiérrez, que comandando un grupo llamado “Los libres de Jalpa” atacaba a los contingentes federales, y al grito de ¡Viva Cristo Rey! Atacaba y huía.

La liga comprendió que así nunca podrían ganar su lucha y decidieron contratar a un general con experiencia en la organización de los contingentes y se decidieron por un general porfirista, que luchó defendiendo a Victoriano Huerta, al general Enrique Gorostieta.

Este general no era católico, incluso hubo quien dijera que era masón grado 33, pero al entrar a la lucha cristera, algo en el cambio y murió siendo un ferviente seguidor de la fe de Cristo, mucho tuvo que ver la segunda vez que estuvo en El Remolino.


Cuando la liga contrató a Gorostieta, este aceptó no por amor a la causa, sino simplemente porque extrañaba la guerra, podía haberse enlistado en el ejército, pero no soportaba a Calles ni a Joaquín Amaro, incluso les tenía rencor porque ellos habían sido carrancistas y lo habían derrotado cuando él era parte del ejercito de Huerta, así que miró la oportunidad de vengarse de ellos y acepto el contrato de la liga.

La liga lo mando con un guía muy cobarde, que si sospechaba que en algún lugar había federales, prefería rodear para evitar enfrentarlos, así que la intención era mandarlo directamente a los Altos de Jalisco, en donde estaba la mayor concentración de grupos cristeros, pero por el temor del guía, o tal vez porque así se lo ordenaron lo llevó por Zacatecas pasando así, por el cañón de Juchipila.

Gorostieta iba molesto, le urgía empezar a dirigir los grupos cristeros. Caminaba tras su guía montado en aquel caballo negro que le proporcionara La liga. Un caballo de guerra, pura sangre, deseoso de correr por el campo eludiendo las balas, en cambio de eso iba por aquel camino real, caminando con una lentitud que lo exasperaban. El camino pasaba generalmente entre cerros muy verdes, sembrados algunas veces por cuamiles. Se habían encontrado de repente con un rio de aguas sucias muy crecido. El general pensó que si de repente aparecían los federales, iba a ser difícil pasar aquel rio de aguas embravecidas.

__ ¿Cómo se llama ese pueblo?

__ Es  Moyahua general.

__ Moyahua, el pueblo de Enrique Estrada ¿Estará aquí? Tenemos algunas cuentas pendientes.

__ No creo general, según se no hay federación aquí.

__ Veo una iglesia ¿Tendrán sacerdote? Vamos llegando a preguntar, para ver si de una vez por todas me dicen en dónde demonios andan los cristeros.

Llegaron a la iglesia y miraron a algunos hombres disfrazados, con horribles máscaras y pelucas hechas con colas de vaca. Brincaban como si estuvieran locos. Detuvieron sus saltos al mirar aparecer al general, su sola presencia infundía respeto, muy alto, aquel bigotazo, armado solamente de su pistola, pero una mirada llena de rabia por la frustración de no encontrar las huestes cristeras.

__ ¿Hay sacerdote aquí? __ Pregunto con su voz ronca, nadie le respondió. Volvió a cuestionar con más fuerza, entonces uno de aquellos enmascarados se quitó la máscara y le respondió.

__ No señor, no tenemos padre. Se fue cuando la orden de que se fueran. Así lo ordenó el gobierno, así lo hacemos.

__ ¿Y ustedes porque andan haciendo esto?

La gente se miraba unos a otros, no sabían que contestar. Tenían mucho miedo.

__ Yo no soy del gobierno __ Les dijo comprendiendo que ese era su temor __ Ando buscando a los cristeros para unirme a ellos.

Con más confianza ante aquella confesión el hombre que se quitó la máscara le respondió.

__ Usted ha de dispensar, pero es que es el día de Santo Santiago y estamos haciéndole su fiestita, aunque no tengamos misa. Por ahí en la sierra anda el padre Loreto, pero casi nunca baja. Él es cristero, también en Juchipila hay cristeros, pero están remontados, también en Jalpa y el Teul. Yo andaba de cristero con Chema, pero me vine a sembrar, ya que coseche me vuelvo a ir.

¿Qué ejercito sería aquel? Se preguntó Gorostieta, que desertan para irse a sembrar. Luego recordó a la gente de Emiliano Zapata, que hacía lo mismo, garantizando así, que al menos la comida no les faltara.

__ Ta bueno pues, vamos a seguir más adelante a ver que encontramos. Si baja gente, díganle que los anda buscando el general que manda la liga para unirnos todos.

Así Gorostieta siguió su camino. Ya casi anochecía cuando llegaron a El Remolino. Le gustó el ranchito. Una sola calle que era el camino real. Mujeres fuera de sus casas haciendo costura, hombres que volvían de las yuntas precedidos por un par de bueyes que seguían al labrador, una plaza en donde crecían dos hermosas higueras, al fondo una capilla, tal vez ahí si viviera algún sacerdote.

Buscó con la mirada a alguien a quien preguntarle, pero miro que algunos hombres que estaban en la plaza se retiraron casi corriendo. Se extrañó. De repente escuchó que su caballo relinchó y se movió nervioso, hasta entonces noto a aquel hombre, que montado en otro caballo tan oscuro como el de él lo miraba inquisidora mente. El caballo y el hombre parecían una sola pieza, el caballo resoplando, rabioso al mirar otro animal de su misma especie y talladura, el hombre muy firme, con la mano muy cerca de la pistola. Gorostieta hizo que avanzara su bestia y quedaron solo un paso frente a frente.

__ Quiubo amigo ¿Se le perdió algo por aquí en El Remolino?

El general contempló a quien tenía enfrente. Se encontró con una mirada que asustaría a muchos hombres, pero no a el que estaba acostumbrado a las batallas. La mano tan cercana a la pistola le indicaba que el hombre estaba listo para la lucha. Muy fornido y tan alto como él, rostro quemado por el sol, le daba el aspecto de rudeza, bajo su sombrero sobre salía su melena pelirroja y sus bigotes tapaban sus labios en donde se mostraba una mueca que simulaba una sonrisa burlesca.

Gorostieta respondió a su pregunta con otra pregunta

__ ¿Eres cristero?

El hombre escupió, volvió a sonreír con burla y también preguntó.

__ ¿Eres agrarista?

Se hizo un silencio. El guía que llevaba al general reculó un poco y se guareció tras su cuerpo. Gorostieta analizó la situación, cualquier respuesta era peligrosa, sabía,  por su experiencia, que hombres como el que tenía enfrente estaban acostumbrados a matar. Respiró hondo, hizo un plan inmediato, respondería y si miraba que el hombre hacia un movimiento intentando sacar su pistola le echaría su montura encima para darse tiempo y también sacar la de él. Decidió responder con la verdad.

__ Soy el general Enrique Gorostieta, ando buscando a los cristeros para unirme a ellos.

__ Entonces eres enemigo de los federales.

__ Así es amigo, muy enemigo de los federales.

El hombre se relajó, retiró la mano de su pistola y volvió a escupir, luego dijo.

__ ¡Que bueno que no es agrarista! No me gustan, andan diciendo que nos van a quitar las tierras a los que tenemos alguna tierrita por ahí. Los cristeros si me caen bien. Yo no soy cristero ni nada de eso, pero si conozco a algunos. En Jalpa anda Chema, a veces le vendo los rifles que les quito a los federales.

Gorostieta también se relajó y ya con tranquilidad pregunto.

__ ¿Queda muy lejos Jalpa?

__ Si, algo todavía, pero si le arrea bonito en ese cuaco que trae, pronto llega. Pero mejor quédese a dormir en Juchipila. No vaya a ser que me lo venadeen por ahí, sobre todo para quitarle ese penco que monta general, ta chulo el animal.

Gorostieta se volvió a sentir en peligro, aquellas palabras eran como una amenaza.

__ No amigo, chulo el que monta usted, comparado con ese, el mío es un gargaliote.

__ ¿Será?

__ Con seguridad, y ahora si nos lo permite amigo, vamos a seguir nuestro camino.

__ Bueno

El hombre se hizo a un lado y así pasaron el general y su guía. Caminaron unos cincuenta metros cuando escucharon un disparo. Gorostieta volteo de inmediato y echo mano a su pistola, pero miro que aquel hombre disparaba al cielo.

__ ¡Corra general! ¡Le doy ventaja! ¡A ver quien llega primero a Juchipila!

El general comprendió que era un reto para comparar las monturas.

__ ¡No me gustan las ventajas! ¡Póngase al parejo!

El hombre espoleo su caballo y pronto estuvieron a la par, entonces Gorostieta espoleo también el suyo y aquel par de bestias levantaron polvo del camino. Eran dos saetas que estaban en su medio, sus jinetes sentían el viento en la cara, no necesitaban de golpearlas para que los caballos corrieran a todo lo que daban. El camino real era transitado por muchos campesinos que se tenían que hacer a un lado cuando escuchaban el galope. Algunas veces los caballos tuvieron que entrar a las yuntas sembradas cuando encontraban algunos bueyes o carretas. Por fin Gorostieta se sintió en su medio, gozando de aquel pura sangre que le diera la Liga. Pasaron por el surco de nopales y las cabezas de los dos caballos iban muy parejas. Al frente el general contemplo el pueblo de Juchipila. En el tropel alcanzo a escuchar las palabras del otro jinete.

__ ¡Hasta la iglesia general!

Entraron a Juchipila aún muy parejos por una calle empedrada. Había mucha gente, Gorostieta tuvo temor de atropellar a alguien y redujo su velocidad, el hombre aquel sin importarle nada siguió en su carrera y llego primero rayando su caballo frente a la iglesia.

Gorostieta sonriendo llego junto a él y le tendió la mano.

__ Gano mi amigo, muy bueno su caballo.

__ A mi satanás no ha habido quien le gane, pero el suyo también es muy bueno ¿Cuánto quiere por él?

__ Un general primero se deja morir, que vender su caballo amigo, no puede haber generales de a pie.

Al decir eso puso su mano sobre la cacha de su pistola. El otro hombre no se inmuto. Solo afirmo con la cabeza un si.

__ Bueno, yo nomas decía, y es cierto, de macho a macho los dos merecemos una montura como la que traemos. Y pues aquí es Juchipila. Si es cristero yo creo que lo pueden atender aquí en la iglesia. Váyase de día para Jalpa y si mira a Chema, dígale que le manda decir Trinidad Bañuelos que le tengo unos rifles y algo de municiones.

__ ¿Así te llamas?

__ Ey

__ Vente conmigo Trinidad, te prometo pronto hacerte general.

__ No amigo, yo no nací para eso, yo siempre ando en la guerra, pero la hago yo solo, y todo es para mí. Así que ahí nos vemos.

En Jalpa no encontró a Chema Gutiérrez y sus cristeros. Por causa de aquel mal guía, Gorsteita duro mucho tiempo para encontrar a los primeros cristeros, no fue sino hasta Totatiche que encontró al primer grupo, pero estos pronto lo conectaron con el resto de los que había en Zacatecas, en Durango, en Jalisco en Guanajuato y así pudo unificarlos. Era un verdadero estratega y las huestes del Calles comandadas por el zacatecano Amaro pronto lo notaron. Gorsteita le enseno a aquellas partidas de cristeros lo que era la guerra de guerrillas, lo que era la disciplina, puntería para no desperdiciar parque, y con su ejemplo porque participo en muchas batallas, elevaba el ánimo y pronto el ejército federal empezó a perder casi todas las batallas.

Al principio aquel general masón no comprendía la fe de aquellos hombres que luchaban y se dejaban matar por defender su fe y la libertad a ejercerla. Poco a poco los fue admirando, ellos tenían un ideal, no era como la revolución en la que había luchado. En aquella época los ejércitos no sabían porque peleaban, tan solo que unos estaban al lado de Huerta y los otros de Carranza, era una lucha de dos seres egoístas por tener el poder. Ahora no, ahora aquellos soldados luchaban por obtener su libertad de creencias. Estaban en ventaja, pues los soldados federales no sabían porque luchaban, y les dolía matar a sus hermanos porque muchos soldados eran cristianos también, incluso muchos federales se hicieron al cristianismo, precisamente porque habían un porque luchar; por su LIBERTAD

Conforme se libraban batallas en el campo, en el alma del general se libraba una batalla también, su ateísmo de masón, contra aquella fe que empezaba a sentir.

Fue precisamente la segunda vez que fue a Juchipila cuando se disipo aquella duda.

Gorosteita no se daba abasto acompañando los regimientos cristeros dándoles instrucción y luchando con ellos. Organizo los altos de Jalisco, luego paso a Zacatecas, hizo sus campos de entrenamiento en Totatiche, Bolaños, Atolinga y muchos lugares más.

Chema Gutiérrez le hizo saber que el cañón de Juchipila se le estaba llenando de federales.

Con un regimiento de cristeros se dirigió a Jalpa y ahí Chema le indico que había tres lugares que le preocupaban, El Teul, Moyahua y Juchipila.

Se dirigieron al Teul y estuvieron luchando por un día completo. Por más que  lo intentaron no pudieron tomar el pueblo porque la torre de la iglesia estaba atiborrada de federales y sin dinamita ni cañones no pudieron bajarlos, acercarse era exponerse a una muerte segura. Con rabia Gorosteita ordenó la retirada y se dirigieron a Moyahua.

En esa población todo fue más fácil. Los federales se atrincheraron en la azotea de la iglesia y en la plaza. El general cristero mando que sus tropas también se subieran a las azoteas aledañas a la iglesia y por estar enclavado ese pueblo en un terreno irregular, los techos de algunas casas quedaban más altos que el techo de la iglesia y así pudieron matar a todos los soldados, los de la plaza fue más fácil, porque cuando vieron que no tenían gente en la iglesia decidieron rendirse.

El 28 de febrero de 1928 atacaron Juchipila. Había soldados fortificados en la presidencia, en el mercado y lo alto de la iglesia. Por la calle para llegar al mercado había una ametralladora y otra en el camino real cuidando la presidencia.

Dos veces intento Gorosteita tomar el poblado y tuvo que retirarse porque le mataron algunos hombres y ellos no lograron ninguno. Eran un blanco fácil para los soldados que estaban en la torre de la iglesia.

__ ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No nos vamos a retirar igual que en el Teul!

__ ¿Y luego pues general? __Le pregunto mortificado Chema Gutiérrez.

__ No se, tal vez acercarnos lo más que podamos y tirarle a los de la torre. Pero es arriesgado, es más fácil que nos peguen ellos. Si al menos tuviera aquí al “Catorce”

__ ¿A quién?

__ Al Catorce, es un charro de Los Altos que es muy bueno para el tiro de larga distancia. Le dicen el Catorce porque una vez él solito acabo con catorce soldados.

En eso escuchó una voz que le dijo.

__ Ja, entonces a mí me dijeran el cien.

Volteó y miró a aquel mismo hombre que tiempo atrás conociera en el ranchito cercano llamado El Remolino, Trinidad, le había dicho que se llamaba Trinidad Bañuelos.

Trinidad sin más paso junto a él, caminó por media calle directo al mercado. Llego hasta donde estaba una carreta, ahí apoyo su máuser, apunto a la torre de la iglesia y disparo. Gosrosteita desde donde estaba miro que un cuerpo cayó al vacío, luego escuchó otro disparo y miró que otro federal caía. A cada disparo era una víctima hasta que los que quedaban se pusieron tras los muros de la torre. Los soldados encargados de la ametralladora le empezaron a disparar, pero estaban muy lejos para atinar o pegaban en la carreta. Trinidad bajó su rifle, apuntó, disparó y Gorostista apoyado por su mira lejos vio como el que disparaba la ametralladora dejo de disparar mientras caía sobre la máquina, el soldado que le ayudaba corrió asustado, entonces Trinidad tranquilamente volvió a donde estaban Gorosteita y Chema Gutiérrez.

__ Quiubo Trino __ Saludo Chema

__ ¿Trinidad? Me dijiste que te llamabas Trinidad, verdad __ Espetó el general.

__ Ey, así mero ¿Usted es el general del caballo bonito verdad?

Con la cabeza le afirmo Gorosteita mientras emocionado le tendía la mano.

__ Ahí andaba en el Cerro de las Ventanas __ Lo señaló, luego continuó __ Los oí que estaban con su borlote y me dije, voy a ir a ver quién me está ayudando con los federales, a ver si no me los han matado a todos, les quiero quitar las ametralladoras para írtelas a vender Chema.

__ Muy bien venido Trinidad __ Le dijo el general __y gracias por esos hombres que nos quitó de la torre, pero lo malo es que hay más, muchos más ¿Cómo le hizo para pegarles, estamos muy lejos?

__ Pos me dió muina que  dijera que un tal Catorce era muy bueno pa el máuser. Yo me he echado a más de cien y ni quien me diga nada.

__ Oye Trino__ Dijo Chema __ ¿Y porque no te echas a todos los de la torre de una vez?

__ No Chema, no es mi fandango.

__ ¿Cuánto me cobra por tumbarlos? __ Lo cuestionó Gorostieta

Trinidad volteo a verlo. Sonrió

__ Un peso oro por cabeza, luego diez pesos oro por cada ametralladora, un peso oro por cada rifle que consiga.

Traía el dinero que había conseguido en el asalto al tren que iba a Palmira en diciembre pasado. Podía pagarle a aquel mercenario.

__ Bueno, pero ¿Cómo le vamos a hacer si esos soldados no se asoman?

__ Si se asoman, aunque sea tantito y es todo lo que ocupo. También voy a ocupar que su gente se venga atrás de mí, pa que le tiren a los de la ametralladora. En un dos por tres los acabamos.

__ ¿Así nomás? Ir por la calle tirando, como si fuéramos por el pasillo de la casa.

__ Ey, así nomás. Pero si tienen miedo pos váyanse mejor a sembrar sus cuamiles.

Gorostieita lo miró fijamente y con mucha sinceridad le pregunto.

__ ¿No te da miedo Trinidad?

Trinidad sonrió, escupió y luego le contestó con la misma sinceridad.

__ La verdad, no, ningún miedo. Mi madrina me protege y sé que aún no es mi hora.

__ ¿Tu madrina?

__ Sí, mi madrina, la muerte. Yo le tengo mucha fe y sé que el día que me toque ella me ha de avisar. Por eso peleo sin miedo porque tengo mucha fe ¿Usted no tiene fe? ¿No cree en su Dios que anda defendiendo acaso? Todos nos vamos a morir algún día, si mi madrina quiere que sea hoy, pues hoy ha de ser, si tu Dios quiere que te mueras hoy, hoy ha de ser, o si no, el mismo te va a cuidar.

Sin más Trinidad empezó a caminar rumbo a la iglesia, mientras cargaba su carabina.

Gorosteita sintió un temblor en todo su cuerpo. Se le enchino la piel. Sintió una especie de mareo y una emoción muy grande invadió su alma. Levanto su rifle y de su pecho salió un grito que jamás se hubiera imaginado que saldría, un grito que había escuchado muchas veces entres sus huestes, un grito que lo sintió más que si una bala hubiera roto su pecho, un grito que hizo temblar de miedo a los federales que defendían el pueblo de Juchipila Zacatecas.

__ ¡Viva Cristo Rey y la Santísima Virgen de Guadalupe!

Emocionados los cristeros que lo acompañaban le contestaron el grito

__ ¡Viva! __ Y corrieron tras él que en ese momento se ponía al parejo de Trinidad Bañuelos y así, mientras uno tumbaba soldados de la torre de la iglesia, el otro disparaba sobre los soldados que manejaban la ametralladora.

Menos de una hora duró la batalla en la que murieron 159 soldados e hicieron prisioneros cuarenta más.

Gorosteita ordenaba como cargar las ametralladoras en una mula, cuando se le acercó Trinidad.

__ Me debe un dinero amigo.

__ Si claro Trinidad, bien ganado __ Le entregó una bolsa con monedas de oro __ Vente conmigo Trinidad, te necesito en esta guerra. Pronto la vamos a ganar.

__ No general, yo debo quedarme aquí. Aquí está mi tierra, mis dominios, mi vida, aquí pronto será mi muerte.

Y sin decir más se dio la media vuelta. Lanzó un silbido y se escuchó el galope de su caballo negro. Lo montó y sin despedirse se dirigió a El Remolino. Apenas hubo caminado unos metros cuando Gorosteita lo llamó.

__ Trinidad ¡Viva Cristo Rey!

__ Bueno, pero mejor, ¡viva mi madrina! __ Espoleó su caballo y desapareció en una nube de polvo.


Gorosteita luchó por la fe de Cristo, porque la sintió y se hizo a ella inspirado precisamente por la fe de sus soldados. El vaticano, La liga, el gobierno americano y Calles en conjunto con el títere que puso como presidente Portes Gil, hicieron un tratado para lograr la paz, prometiendo la amnistía para todos los cristeros. Gorosteita no les creyó y siguió en su lucha, pero fue traicionado por un miembro de La Liga y en Junio de 1929 fue entregado a los federales, en el poblado de Atotonilco, Jalisco, que llegaron y lo acribillaron. Diecinueve días después fue firmado el armisticio, pero Calles no respeto el tratado y mando fusilara a muchos cristeros que entregaron las armas. Así ha sido siempre, el gobierno ha sido un traidor.

Sin embargo luego de esa lucha, se fortalecieron los agraristas y en Remolino consiguieron que se repartieran las tierras y se volvió un ejido donde muchos remolínense consiguieron sus parcelas y muchos sus cuamiles propios, pero esa…esa es otra historia.


©FRANCISCO RODRÍGUEZ  LÓPEZ

sábado, 30 de agosto de 2014

CAPITULO XXXVI, LAS ARTIMAÑAS DEL "LOCO VALDERRAMA".

Huerta fue derrotado y ahí dio inicio otra guerra por el poder. Venustiano Carranza exigió que él fuera el presidente por haber sido el comandante constitucionalista, pero muchos jefes no estaban de acuerdo con eso, entre ellos Francisco Villa y Emiliano Zapata, entonces el gran ejército que había derrotado a Huerta se dividió, la guerra siguió, una guerra estúpida, sin sentido, una lucha por el poder, sin principios sociales y beneficios para el pueblo.
En aquella nueva guerra muchos grupos no sabían qué partido tomar. Si seguir siendo constitucionalistas y fieles a Carranza o convertirse en rebeldes y seguir a Villa o a Zapata.
El Doctor Mariano Azuela ni lo pensó, él fue villista desde un principio y por siempre. En Lagos, donde él  vivía había una gran división de ideas. El hombre fuerte de la región, el coronel Caloca también decidió seguir como villista y constantemente tenía enfrentamientos contra grupos de Carranza, pues en una de esas escaramuzas resulto herido de una pierna.
El doctor Azuela fue el encargado de atenderlo. La bala estaba pegada al hueso por lo que necesitaba de ser operado, pero desgraciadamente en Lagos no había quirófano ni el equipo necesario para hacer aquella operación tan delicada, el lugar más cercano era Aguascalientes.
__ Pues vámonos para Aguascalientes doctor __le dijo el coronel Caloca sin meditarlo mucho.
__Si coronel, es lo mejor, solo que hay un problema.
__Dígame doctor.
__Que el camino más directo a Aguascalientes está plagado de carrancistas. No llegaríamos vivos.
__A que la caraja ¿Entonces? ¿Qué se me pudra la pierna?
__ Hay otra solución, no sé qué le parezca.
__A ver
__Que le demos vuelta por el cañón de Juchipila y subir por Calvillo, ahí tenemos puros villistas.
__Esta el doble de lejos
__Pero es más seguro.
__Pos ándele pues, vámonos yendo que ya no aguanto el dolor.
Y así, con un grupo de veinte villistas agarraron camino a Aguascalientes, rodeando por Ixtlahuacan para bajar al cañón de Juchipila. Hicieron una parihuela y ahí acostaron al herido, los seis hombres que la llevaban cargando eran sustituidos cada dos horas. Lo único que pedían con mucho fervor, era no encontrarse con alguna patrulla carrancista, pero aquella suplica no fue oída, y a la salida de Cuquio, se encontraron con un grupo de soldados que querían llegar al pueblo, mientras ellos querían salir, así que  un grupo y otro se fueron rodeando tirándose de vez en cuando algún balazo, pues fue tan mala la suerte del doctor Azuela, que una de aquellas balas enemigas, reboto en una piedra y  fue a meterse en su pantorrilla. La bala ya no llevaba fuerza, sin embargo sangro mucho y el dolor era tremendo. El mismo le indico a uno de los hombres para que le sacara aquel pedazo de metal que estaba casi a flor de piel.
El problema se volvió doble. Azuela no podía caminar por el dolor. Montaba a caballo, pero aquello le producía tanto dolor que lo tenían que bajar e hicieron otra camilla para llevarlo también a él. La marcha se hizo mucho más lenta.
Así pasaron los llanos de Ixtlahuacán, llegaron a la sierra de Santa Rosa. Encontraron un ranchito donde pasaron la noche.
__ ¿Cómo se llama aquí? __Pregunto Azuela
__ Es el rancho El Limón, de merito Moyahua.
__ ¿Entonces ya estamos en Zacatecas?
__Si señor.
Con mucho sacrificio bajaron la ladera hasta llegar a Moyahua, ahí descansaron un día. Dona Delfina Reynoso les dio posada. Mariano Azuela la hostigo a preguntas, que le contara sobre la situación del pueblo, sobre la gente rica, sobre los caciques, y que había sido de ellos durante aquella guerra. La buena mujer le contestó a todo, Luego el doctor saco una libretita y se puso a hacer muchos apuntes.
__ ¿Pues qué tanto escribe doctor? __Lo cuestiono Caloca
__  Fíjese coronel, que me anda dando vueltas en la cabeza una novela. Ya sabe cómo me gusta la escritura, pues quiero escribir una historia sobre un guerrillero, alguien que haya vivido todo esto. Una novela en donde pueda contar por las peripecias que pasamos, y la verdad no sé si valgan la pena. Un día le dije a un coronel de por estas tierras que iba a escribir una  historia así, y no sé qué vaya a salir, pero ya le estoy dando forma, hasta ya sé cómo se va a llamar el protagonista, Demetrio Macías, y es del Limón, de donde dormimos el otro día, y que tiene pleitos con un cacique de aquí de Moyahua, ¿Cómo la ve?
__  Pues va a estar buena, como todo lo que usted escribe doctor. Yo no sé cómo le hace, con tanto dolor de su pie….y yo de esta pierna que ya no la aguanto
__A mí tampoco no me cierra la herida. Tanto ajetreo,  Creo que con unos tres días de descanso mi pie se pondría bien y podría montar sin problemas.
__ Vámonos quedando aquí unos días
__No coronel entre más pronto lleguemos a Aguascalientes, mucho mejor
Otro día de madrugada agarraron camino, amanecía cuando llegaron a El Remolino. Decidieron descansar un rato bajo unas tiernas higueras que estaban en algo que parecía una plaza. Un hombre llegó a toda prisa hasta ellos.
__ Señores, han de dispensar, pero si me podrían hacer el favor de no amarrar sus caballos en las higueras, están tiernas y en un jalón se pueden quebrar.
A pesar que aquel grupo iban bien armados aquel hombre no les tenía miedo, se aguantaba el miedo por proteger sus higueras.
__ Usted ha de dispensar amigo, pero ya nos vamos, queremos llegar a Juchipila a almorzar.
__ Oigan, han de dispensar la pregunta, pero… ¿Ustedes son gente de Villa, verdad?
Los hombres se miraron unos a otros, algunos desenfundaron su pistola y la mayoría levanto su rifle y le apuntaron al hombre.
__ ¡Calma, calma! Soy hombre de paz.
__ ¿Y luego porque la pregunta maldito carrancista?
__ No, que carrancista ni que  nada, yo también estoy con Villa. Y si les pregunté eso, eso porque si ganan pa Juchipila, hagan de cuenta que van a la muerte, ahí está ahorita un regimiento de federales. Yo nomas por eso se los decía.
__ ¿Federales dice? __ Pregunto Azuela preocupado.
El hombre miró al doctor y por verlo vestido diferente a los soldados, con saco y corbata le respondió
__ Si curro, son un chinguero. Y se me hace raro que no hayan venido, casi todas las mañanas se dan una vuelta por aquí. Yo les aconsejo que busquen donde esconderse o que se regresen de  dónde venían.
__ ¿Entonces aquí no es seguro?
__ Pos al menos que alguien los quiera esconder. Pero son muchos ustedes, a lo mejor en algún ranchito aquí cerca, pa allá no van los soldados, les da guevonada, nomás van a los ranchos a la orilla del camino real.
__ Yo sé dónde __ Dijo Mariano Azuela sonriendo__ Yo sé dónde, ya estuve ahí hace quince años,  y no está nada lejos. Ojala y encuentre a unas gentes que conozco ahí. Gracias amigo, ¿Cuál es su nombre?
__José Torres para servirle, y si no es mucha indiscreción y no me tiene desconfianza, ¿A dónde pues?
__Aquí nomas, al otro lado del rio.
La gente salió de los jacales al ver aquel grupo de revolucionarios. Se sabía que había federales en Juchipila, no entendía como un grupo tan pequeño se atreviera a andar por ahí.
__ Buenos días__ Saludo el doctor a la gente que los rodeaba curiosa
__ Buenos días __Escuchó que le contestaron entre dientes.
__ Oigan, me harían favor de decirme si todavía vive por aquí, un hombre que se llama Antonio Quintero. Su esposa se llama Florentina, y tienen una niña que creo se llama Casimira.
__ Ah, sí, Antonio, no señor, ya no vive aquí__ le respondió un hombre que luego supo que se llamaba Emilio Bañuelos __ El ya no vive aquí, se fue hace mucho. Pero más allá, en el rio adentro vive su hermano Baudelio, y la niña Casimira, nombre, que niña… ya está grande.
__Bueno, entonces vamos a ver si lo encontramos.
Siguieron un poco más el cauce hasta llegar a donde el rio daba una vuelta de casi noventa grados. El doctor miró que algunos hombres plantaban naranjos en aquella ladera pedregosa. A ellos les preguntó por Baudelio. Un hombre se adelantó y les dijo.
__ Yo soy Baudelio. Que se les ofrece señores.
__ Vine preguntando por Antonio, pero me dicen que ya no está aquí __ Dijo el doctor __ Me debe un favor,  hace quince años le salve la vida a su hija y….
Baudelio sonrió y al momento se acercó al galeno para saludarlo de mano.
__ Pero si, como no, usted es el doctor que vino aquella vez con el doctor de Juchipila. Pues como no, ya me acorde de usted. ¿Cómo esta doctor? ¿Qué anda haciendo por acá? ¿Qué puedo hacer por usted?
__ Vengo herido, mi coronel también, somos villistas y vamos para Aguascalientes, pero no podemos pasar porque en Juchipila hay federales.
__ No faltaba más ni sobraba menos. Hagan de cuenta que están  en su casa. Vénganse pa que descansen en mi jacal. No se crea que duran mucho los carranchos, cualquier rato se van. Pero no es bueno que tengan aquí los caballos. Hay que subirlos al cerro de las Ventanas y algunos hombres también, son muchos. Vénganse, vénganse, aquí están seguros.
Llegaron a un jacal en donde algunas mujeres hacían de comer.
__ Mujer __ Anuncio Baudelio__ hazte unos huevos con chile, tenemos visita y tu Casimira ven, ven para que conozcas al doctor que te ayudo a que nacieras.
Azuela sonrió al contemplar a aquella tímida jovencita.
__ Mira nomas en que niña tan guapa te has convertido. Y has de ser muy trabajadora, así que hazme un favor, tráenos agua en alguna vasija, necesito lavar mi herida y la herida del coronel antes de almorzar.
Pronto regreso la muchacha acompañada de un mozuelo que la ayudaba a llevar una gran olla con agua azul. El doctor vació en una jícara un poco de agua y se la dio a beber al enfermo, pero este la rechazo asustado.
__  ¿Azul? El agua esta azul, esta envenenada.
Azuela soltó una carcajada y le respondió.
__ No coronel, es agua muy limpia, solo que las gentes de aquí le echan a los posos troncos de un árbol que se llama varaduz y así la pinta, pero es muy limpia, vea, yo me la bebo muy sabroso.
Luego pidió que hirvieran un poco de agua y con aquella agua esterilizada lavo las heridas, la del coronel y la propia, luego las quemo con aguardiente y las vendo.
__ Ya vites Casimira, como se curan los jodazos __ Dijo el muchacho que acompañaba a Casimira __No que tú me curates la descalabrada que me di, con puro zoquite hecho de miados.
Azuela soltó una carcajada por el comentario. Zoquite con miados.
__ ¿Y quién es el que se mea para hacer el zoquete?
__ Pos yo, nomás que le digo a Juanita y a Casimira que se voltien pa otro lado, pa que no me vayan a mirar el máuser pues.
Sin dejar de reír le pregunto,
__ Oye, y tú ¿cómo te llamas?
__ Pos Camilo Pérez pues, como más.
__ Ah  que mis camilos tan ocurrentes, Camilo y Camila.
__  ¡Ay no! Que Camila ni que nada. Yo soy Casimira.
__ Casimira, Camila, es casi lo mismo. Y ya vieron cómo se lava una herida, con agua hervida, no con orines.
__ Pos es lo mesmo. Los orines también estan calientitos.
__Bueno, tienen algo de medicinales, pero para la siguiente vez, mejor lava las heridas con agua hervida.
__ ¿Y pa que jervirla pues, si es lo mesmo?
__ No,no, nada de eso, el agua sin hervir tiene muchos microbios, eso es malo.
__ ¿Qué es eso? ¡Ay Dios! Que ni se mira nada, a veces nomas se miran ajolotes o maromeros.
__ Los microbios son animalitos que no se miran, pero que son muy malos.
__ ¡Snaaaa! Pos aquí hervimos lagua pa curar las cortadas, nomás cuando les echamos canelilla o cuachalalá, pero no es pa matar animalillos, es pa hacerla de remedio.
En eso Baudelio entro con sendos platos de huevos con frijoles y una pila de tortillas. Azuela comió con mucho apetito, Coloca apenas probo bocado y eso preocupo al médico.
Ahí estuvieron todo ese día, por la noche el coronel no paró de quejarse y estuvo con mucha fiebre. La gente de la localidad le recomendaron al doctor que lavara también las heridas con canelilla y cuachalalá, por no despreciarlos les hizo caso y curiosamente al otro día su herida se veía muy mejorada, de tal modo que ya podía caminar fácilmente.
Al tercer día por la  tarde Camilo Pérez llegó corriendo hasta el jacal.
__ ¡Federales, vienen federales por el rio!
Los villistas  que estaban afuera del jacal pronto entraron en él y prepararon sus fusiles, Caloca se incorporó nervioso, Azuela lo abrazó para que no se levantara.
__ ¡No coronel, no, tranquilo, se puede lastimar!
__ ¡Vienen federales! ¿Qué no escucho?
__ Sí, pero no podemos hacer nada.
__ ¿Qué tan lejos vienen muchacho?
__ Pos no tanto, yo creo que como en el charco Azul, entraron por el Barrio. Yo los estaba cuidando desde arriba del cerro, los vi desde que salieron de Juchipila y como no agarraron el camino real me dio la preocupación, ya que vi que agarraron el rio, que me vengo volando a decirles. Por ahí viene también don Baudelio, pero yo soy más rápido que él.
__ ¿Qué hacemos doctor?
__ Nada __ Escucharon que les contestaron en la puerta, era Baudelio que en ese momento llegaba jadeante __ Nada si no hay necesidad. La más de las veces nomas pasan y ni las buenas tardes dan, se siguen de largo, llegan  a El Remolino y de ahí se regresan a Juchipila. No tengan pendiente. De todos modos estén listos por si se ocupa. Voy a estar afuera, como si anduviera haciendo mis quehaceres.
__ Levánteme doctor __ Ordeno Caloca __ arrímeme a esa ventanita, quiero ver a esos carranchos y dar la orden si se llega a necesitar.
Azuela les ordeno a dos revolucionarios que le ayudaran y sostuvieran al coronel, que por un hoyo en la pared de piedra del jacal podía ver al exterior.
Pronto a lo lejos apareció el primer jinete, luego otro y muchos más, eran más de cien. Iban lentamente, sin preocupación alguna. Los campesinos que sembraban sus laderas dejaban sus labores para verlos pasar. De vez en cuando se detenían junto a alguno de ellos y les preguntaban algo, luego seguían de frente.
Caloca los miró venir y le comentó a Mariano.
__Mire doctor, que mansitos se miran. Véalos, si yo estuviera bien de mi pata, nomás con los hombres que traemos, bien parapetados, tres a la entrada del cañón, tres ahí, atrás de esas piedras pa no dejarlos que corrieran y los demás ahí arribita, le aseguro que no dejaba ni uno vivo. Tirándoles de arriba a los de abajo, sería como tirarle a las palomitas y le aseguro que no me harían ni una baja. Este cañón está perfecto para una emboscada.
__ Ey, fíjese que si __ Y Mariano Azuela entre cerró los ojos, como si se estuviera imaginando una batalla así, los de arriba, tirándole a los de abajo.
 Inevitablemente los federales pasaron  junto al jacal de Baudelio, este les daba puñados de tarascas y quelites a sus vacas cuando los federales llegaron. Un capitán era el jefe de ellos. Al pasar junto a Baudelio levantó la mano y detuvo su montura.
__ Buenas, amigo __ Dijo con voz ronca.
__ Buenas le de Dios su mercé.
__ Oye ¿Cómo anda todo por aquí?
__ Pos como va a andar todo, pos bien, nos hace falta que llueva más, pero ya vendrá la lluvia.
__ ¿Por qué te veo que estas como nervioso?
__ Válgame, figuraciones suyas, nervioso ni cuándo.
__ ¿No serás villista?
__ Válgame, que voy a ser.
__ ¿Tienes carabina?
__ No señor, pos no se ocupa.
__ ¿En donde están las mujeres, no las veo?
__Pos han de andar trayendo unas barañas de leña pa hacer de cenar, si usted gusta.
__ Te voy a revisar el jacal, ay de ti si te encuentro carabina.
__ Como guste señor.
Baudelio tembló, en el interior del jacal los hombres de Caloca se pusieron nerviosos y prepararon sus fusiles.
__ No hagan ruido __ Susurró el coronel __ Si hay necesidad yo voy a dar la orden de disparar. Al primero que le van a pegar va a ser al capitán. Muchas veces la tropa se asusta si les matan al jefe. Luego, ustedes van a correr  y se van a parapetar atrás de las piedras. Si no corren los federales, les dan hasta que se acabe el parque y luego traten de escaparse. Olvídense de mí. Que sea lo que Dios quiera.
__ ¡Cabo! __ Ordenó el capitán de los federales __ Hay que darle una revisada a estos jacales. Nomás pa ver si hay alguna carabina.
__ Está bien mi capitán.
El cabo se disponía a desmontar cuando escucharon un grito que los hizo voltear a todos al rio.
__ ¡He aquí el heroico ejército mexicano!
¡Hijos que han nacido para morir en la batalla!
¡Ante ustedes me rindo emocionado!
¡Pues por sus lances mi verso nunca calla!
 Un andrajoso hombre hizo aparición, era muy alto, blanco, barba espesa. El pantalón con decenas de remiendos al igual que la camisa, un bombín que decía se había avanzado de la hacienda del Durazno, una garra que simulaba una corbata y lo más chistoso de todo, una elegante bota en el pie derecho y en el izquierdo un huarache de tres correas.
Se paró ante el capitán federal y luego quitándose el bombín, le hizo una elegante caravana.
__ ¡Oh valeroso guerrero!
Que comandas esta horda de valientes
Ante ti, rindo mil honores. 
El capitán lo miró divertido y le preguntó.
__  Y tú, ¿Qué mosca te picó? ¿Tas lerendo o qué?
__ Loco, el mundo me llama loco
Porque no entienden el talento de un poeta
Sí, soy un loco que tal cual saeta
Dispara versos por cuanto mundo evoco.
Si estoy loco ¡Pero loco de amor!
Los soldados lo fueron rodeando divertidos por sus ocurrencias. De repente uno le dijo.
__ Oye, en dónde dejaste el otro huarache, o a quién le robaste ese zapato.
El loco volteo a verlo, dio tres vueltas en su propio eje y luego señalándolo le grito.
__ ¡Yo, mi valiente soldado!
Te represento a ti.
Que eres hijo de indios
Piel morena calzada de huarache
Sí, yo te represento
Pues un día, olvidaste tu origen
Y de zapato te calzaste
Dando paso al mestizaje ruin
Eres soldado igual que yo
Indio de huarache y catrín enzapatado
Pero te duele el pasado
Y matas, al indio que en ti ha vivido.
Porque todos somos indios
Y ahora nos hemos olvidado.
Todos iguales
Todos hijos de una misma madre
Todos nos matamos.

Ningún soldado rió por aquellas palabras, el loco siguió hablando.
__ Hijos de la misma madre
Carrancistas y villistas
Sin embargo nos matamos.
__ Bueno pues, ya estuvo bueno __Dijo el capitán. Cumpla mi orden cabo.
__ General,  héroe anónimo __ Volvió a decir el loco __ ¿Es o no es verdad que todos somos hermanos?
__ Pues si tú lo dices.
__Yo lo digo y lo sostengo
Sin embargo tu deber te impone
Derramad sangre de valientes
Aumentemos de muertos las listas
General, yo sé en donde están unos villistas
Dime si quieres saberlo
Dime para darle sangre a tus huestes.
__ ¿Qué tu qué? ¿Sabes dónde están unos villistas?
__ Si mi general
Deberán de ser dos docenas
Aguerridos como la más temible fiera
Heroicos como caudillos sin bandera.
Baudelio se puso pálido y volteo al jacal, afortunadamente nadie lo noto. Dentro del jacal los hombres cerrajearon sus fusiles.
__ Nos va a delatar ese loco __ Dijo Caloca molesto __ También le disparan a él.
__ No, no. Él no es así __ Dijo preocupado el joven Camilo Pérez __ Estaba conmigo en el cerro cuando los vimos venir. Si está bien loco, pero yo le conté de ustedes y que ustedes son buenos. Yo no sé qué le pasó.
__ Pues lo matan también.
Afuera había una revuelta.
__ ¿En dónde están? __Seguía preguntando el capitán.
__ Cerca, muy cerca de aquí
Protegidos por el cielo
Más si lo mandas y es tu anhelo
He de llevarte hasta ahí.
__ ¿Nos llevarías a donde están?
__ ¡Ahora mismo!
Que suene el clarín
La batalla ha de empezar.
Seguidme valerosos federales.
Y al momento a toda velocidad empezó a correr con rumbo al Remolino. Era muy veloz, los caballos trotaban tras él. De repente cruzo el rio y siguió corriendo por las faldas del cerro hasta llegar al panteón. A pocos metros se detuvo. Se medio agachó, se acercó al capitán y le dijo.
__ Ahí mi general
Ahí están esos valientes.
El capitán ordenó inmediatamente que desmontara la tropa, si ahí había villistas estaban a merced de ellos. Ordenó que rodearan el panteón, que en ese entonces solo tenía unas cuantas tumbas. Mandó al ataque y para sorpresa de todos, el panteón estaba vacío.
__ No entiendo por qué tanta violencia
Ni porque agredir a los difuntos
Aquí están, eran villistas
Murieron todos ellos juntos
Derrocando al que traicionó a Madero.
Siguiendo la héroe de mil batallas
Al redentor del cañón de Juchipila
Al roble de los Robles
Cuyo nombre, por cierto era Crispín.

Colérico el capitán volteo a verlo.
__ Muertos, los villistas que dijiste están muertos.
__ No, muertos no, viven en las aras del recuerdo.
__ ¡Pinche loco jijo de la chingada! ¡Cuélguenlo!
__ Si, colgadme valientes guerrilleros
Yo seré su único trofeo
Y cuando la gente pregunte
Porque han colgado al loco Valderrama
Tu les dirás, porque me llevo a una batalla con los muertos
Y muertos serán, también, pero de risa
Y todos se burlaran de ti
Por haber colgado a un triste loco
Que te trajo a pelear en estas tumbas.
__ Fíjese que el loco tiene razón mi capitán __ Le dijo el cabo __ Si lo colgamos la gente va a saber que fue porque nos vaciló y se van a reír de nosotros. Mejor si usted no dispone otra cosa, nos vamos como si nada y nadie se va a enterar.
Por un momento el capitán se quedó pensando. Respiro hondo, luego sonrió __ No sé quién estará más loco, si ese menso o yo por haberle hecho caso, está bien, vámonos y cuidado y se vaya a saber algo de esto en el cuartel, le corto la lengua al que diga algo.
Los soldados volvieron a montar y en silencio volvieron a Juchipila, olvidándose por completo que les habían ordenado revisar el jacal de Baudelio, mientras el loco caminaba lentamente a El Remolino.
__Ah pueblecillo tan silvestre
Que formado en mitad de la campiña
Arremolinas a los locos de este rumbo
Que tu destino a esa verdad se ciña
Remolino, Remolino…luna de verano azul…

El joven Camilo Pérez había seguido a la tropa cuando se las llevara el loco y regreso al jacal de Baudelio.
__ Que les dije, el loco Valderrama, tará loco, pero no menso, ya los mandó para Juchipila y les contó de la vacilada que les hizo a los soldados.
__ ¿Quién es ese hombre?__ pregunto divertido el médico.
__ Es un loquito de ahí de El Remolino __ Le conto Baudelio __Es de los Luna. Cuando más joven se lo llevó el señor cura  de Moyahua a Guadalajara según esto para que estudiara para sacerdote, pero una vez que vino, una mujer de un lugar que le dicen la meszquitera se enamoró de él. Dicen que esa mujer es bruja. Yo no sé. Es muy bonita y muy vieja. Si cuando yo era niño ella ya era toda una mujer, y ahora que ya estoy viejo, ella sigue igual de muchacha. Pero bueno, por  ahí cuentan que él la desprecio porque iba a ser padrecito y ella en venganza le hizo un trabajito que lo volvió loco. Y quedo así como lo ven. Todo el tiempo anda haciendo versos y es muy dicharachero, toca re bonito la guitarra y que disque el piano también. Vieran que bonito canta. En la misa la alegra rete harto. Nomás que cuando es luna llena, se pone bien loco y se desaparece. Se enmonta. Dicen que se vuelve lobo. Dicen también que don Epigmenio su padre lo encierra, porque le da por agarrar a jodazos a la gente. Quién sabe, yo nomas le conozco el lado bueno. Es un loco bueno. En fin, loco de El Remolino.
__ ¿Cómo se llama?
__Eleazar Luna, pero él dice que se llama el poeta Valderrama, y así lo conocemos, por el loco Valderrama.
 Mariano Azuela saco su libreta de apuntes y empezó a escribir.
__ Qué bonito ha de ser saber escrebir, veda dotor __ Escuchó que le dijo Casimira.
__ Así es Camila, es muy bonito ¿No sabes escribir?
__ ¡Que yo no soy Camila, soy Casimira!
Y salió corriendo molesta sin responder a la pregunta del médico. Este divertido la miró irse y pensó para sí “Si, tu eres Camila, vas a ser mi Camila, pero nadie lo va a saber nunca, porque esta Camila que vas a ser tú, no se va a portar muy bien, y eso no es justo para ti mi pequeña Casimira, mi enorme Camila”

Otro día muy temprano llego Encarnación Bañuelos con una noticia.
__ Ándenle que los federales ganaron para Nochiztlan. Esta libre Juchipila.
__ ¿Y eso?
__ Van a creer que el loco Valderrama llegó gritando a Juchipila que venía Villa con diez mil soldados llegando a Moyahua. La gente se la creyó y no faltó quien les fuera a decir a los federales y estos ni tardos ni perezosos pa pronto levantaron campamento y ya van por la brecha para Nochiztlan.
__ ¡Pronto! __ Ordenó Caloca __ Vámonos antes que se den cuenta del engaño.
De inmediato trajeron los caballos de lo alto del cerro, los ensillaron y tomaron camino. Azuela ya iba muy bien de su pierna, Caloca iba peor, era muy importante llegar lo más pronto posible a Aguascalientes. Le agradecieron a los lugareños su hospitalidad y partieron de inmediato.
Al pasar por donde estaban las cruces de Bernabé en le Surco de Nopales, encontraron al loco Valderrama arrodillado.
__ ¿Qué haces Valderrama? __ Le pregunto el medico
__ Contemplo a Juchipila
Cuna de valientes
Y al mismo tiempo
Le rindo pleitesía a este cerro
Cerro de las Ventanas
Que es,
Como el turbante de la gran Caxcana
El magnífico turbante, de la bella Juchipila
¡Juchipilaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
¡Juchipilaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Y ahí lo dejaron, desgalillándose con aquel grito largo y agudo, apurando a las bestias, temerosos que en cualquier momento pudieran regresar los federales. Pero no fue así, ya no hubo contratiempos y en pocos días llegaron a Aguascalientes, en donde por fortuna el grandioso galeno Mariano Azuela, le logro salvar la pierna al Coronel Caloca, para  después empezar a escribir esa magna obra de la literatura mexicana que ha sido traducida a varios idiomas “LOS DE ABAJO” inspirada en mucho, en sus experiencias que pasó en el Cañón de Juchipila.

Así se vivió la revolución por aquellos lares, El Remolino se miró empobrecido como todo el país, por fin la guerra terminó y renacían las esperanzas, solo que, Obregón y Calles odiaban la religión y eso trajo otro movimiento, LOS CRISTEROS,  y ahí también, hubo participación de remolinenses, pero esa, esa es otra historia.

 FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ