lunes, 25 de noviembre de 2013

CAPITULO XX, EN BUSCA DEL OVISPO JUAN CRUZ RUIZ DE CABAÑAS Y CRESPO

Los  dos muchachos Haro corrieron al cerro. Conocían perfectamente en donde pitahayaba Anastasio. Apenas iban subiendo la primera ladera del cerro, cuando escucharon a lo lejos unos gritos violentos y otros muy doloridos. Apresuraron el paso. De repente al subir la primera loma, se encontraron con una escena dantesca. Atado de los brazos y colgado de ellos en la rama de un mezquite estaba Anastasio. Semidesnudo y con la espalda roja de la sangre que manaba de ella. A un lado, el fraile Bernabé con un látigo de siete puntas, sudoroso, descargando sin misericordia tremendos golpazos mientras gritaba iracundo
__ ¡Sal bestia maldecida! ¡Sal del cuerpo de este hombre! ¡Confiesa, confiesa, tu hija era una bruja, confiesa!
__! Ay! ¡Noooooooo, Noooooooo, mi hija es una santa!
Los dos jóvenes apresuraron sus pasos, con rabia y temor se acercaron a los dos hombres, al llegar se agacharon y agarraron un par de piedras cada uno. Bernabé no los escucho llegar concentrado en su castigo, así que fue una sorpresa para él,  sentir el primer piedrazo en su espalda, luego otro golpe en el brazo que hizo que el látigo callera al suelo. Volteo a ver a los recién llegados que, apenas disparaban un proyectil y ya se estaban agachando para agarrar otra piedra, había miles de ellas, y lo peor de todo, tenían una puntería endemoniada.
__!Ey! ¡Los castigara Dios y…!
No lo dejaron de terminar decir su maldición, pues otra andanada de piedras le llovió, así que  a aquel cura loco, no le quedo de otra que correr, huir para salvar su integridad física. Los muchachos lo persiguieron hasta que vieron que tomo rumbo a Juchipila, entonces regresaron a auxiliar a Anastasio. El hombre se quejaba horriblemente, su camisa de manta estaba hecha jirones, roja por la sangre, en la nuca también tenía sangre, pero está ya estaba seca.
__ ¿Pos que paso tío?__Lo cuestionaron mientras lo liberaban de las cuerdas con que estaba atado.
__No sé, solo recuerdo haber sentido un golpe en la cabeza, luego desperté aquí, amarrado.
Con mucho sacrificio, abrazado a los hombros de los dos muchachos, regresaron al Remolino. Lo quisieron dejar en los jacales de los Luna, pero estos estaban solos, además Anastasio insistió que quería estar en la fiesta de su hija.
Grande fue la sorpresa de todos quienes estaban ahí. La gente se arremolino para escuchar lo que había pasado. Al saber la historia se escucharon gritos de coraje y amenazas de muerte en contra de Bernabé. Entonces fue que hablo el señor cura José de Jesús Fregoso.
__No buenas gente, no. Nada podemos hacer contra el padre Bernabé, porque aunque haga, lo que haga, el padre Bernabé no deja de ser un soldado de Cristo y sus acciones son para preservar la fe, según él. Si alguno de ustedes se manchara las manos con su muerte, entonces su sangre estaría maldita por siete generaciones, por haber matado a un ciervo de Dios. Nosotros no podemos hacer nada. Esto es un caso que tiene que resolver su eminencia, monseñor, arzobispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo. Mañana mismo tomare camino a Guadalajara para ir a verlo.

Cuenta la historia, que el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, fue un santo. Con un amor infinito por los desamparados. Un verdadero guardián de la gente pobre. Que el primer día que llego a Guadalajara para tomar su puesto como obispo, fue recibido con un banquete inmenso, digno de un personaje como era él. Que luego de ver tal cantidad de bastimentos pregunto.
__ ¿Y toda esta comida? ¿Cuantos invitados hay?
__Solo usted su eminencia __Le respondieron __ Solo usted y las personas que lo acompañan.
__ ¡No! __Dijo enérgicamente __ Esto es un derroche, un pecado a tanta banalidad, un hombre puede ser alimentado con infinitamente menos de todo esto que hay aquí, así que es una orden, salgan a la calle y traigan a cuanta persona hambrienta se encuentren para que compartan la comida conmigo.
Ese, su primer día, el obispo Cabañas, como luego se le conociera, comió rodeado de la gente más pobre de la ya desde entonces, hermosa ciudad de Guadalajara y jamás volvió a ser atendido con otro banquete, como él decía, derroche de banalidades.
En ese mismo banquete, se dio cuenta de que en la ciudad había una cantidad muy grande de huérfanos y menesterosos, por esa razón también, una de las primeras ordenes que dio, fue la de construir un hospicio, en donde se atendiera a toda aquella gente, un edificio que ha sobrevivido a muchas guerras y aún sigue siendo un mudo testigo de la bondad de aquel hombre, un edificio que por su belleza arquitectónica es un orgullo para la perla tapatía, un edificio que en un principio fue llamado la casa de la misericordia, pero que actualmente lleva en nombre de su honorable fundador, HOSPICIO CABANAS
Por más de dos décadas el buen hombre estuvo a cargo de la enorme diócesis de Guadalajara, cuyo límite al norte, era el llamado arroyo  del Zapote, por tanto el Remolino estaba en sus fueros. Esas dos décadas el prelado sobrevivió a la guerra de independencia, fue precisamente este hombre quien excomulgara a Miguel Hidalgo y Costilla por haber tomado las armas y dejar la fe de Cristo, eso siempre lo entristeció, y aunque nunca se arrepintió de haberlo hecho, le dolía la excomulgación de cualquier soldado de la iglesia. Solo había una acción de su vida que si le dolía, le molestaba y se arrepentía de haberlo hecho, esto era, haber coronado al emperador Iturbide a la consumación de la Independencia. Le dolía recordar el momento en que aquel hombre déspota se inclinó frente a él y se vio obligado a colocarle aquella corona de oro, luego soportar sus palabras de poder. Su arrepentimiento era tan grande que todas las tardes iba a una pequeña capilla y ahí, inclinado frente a un crucifijo rezaba e imploraba por el perdón de su alma.
La ultima tarde que fue a rezar, al estar inclinado frente al crucifijo, sintió una cálida mano que tocaba su cabeza, era un contacto muy extraño, una caricia divina. Una luz muy blanca lo obligó a cerrar sus ojos por lo que no pudo ver nada y curiosamente no se podía mover, pero no sintió miedo, al contrario, sintió una enorme paz. Estando así fue que escucho una dulce voz.
__No temas hijo, y no pidas más por el perdón de tus pecados que todo te ha sido perdonado. Tu alma es buena y pura, sin embargo para alivio de tu conciencia por haber coronado a un rey falso, he aquí que se te pide  una encomienda. Hoy alguien habrá de pedirte que vayas a bendecir una capilla. Puedes negarte porque el lugar es muy lejano y tu edad ya es avanzada, nadie te reprochara nada y tu alma seguirá siendo limpia. Sin embargo si aceptas ir, harás tu obra magna en este mundo, bendecir la tumba de una santa. Sábete hijo que este viaje no tiene regreso. Sufrirás muchas incomodidades. Te enfrentaras al demonio. Sufrirás enfermedades, pero tu recompensa vendrá, tendrás oportunidad de vencer al fanatismo y bendecirás la capital del cielo, el lugar donde reposan los restos de  la Santa Crucita, la más pequeña enviada de nuestro señor. Prepárate Juan Cruz, que también Cruz es tu nombre. Prepárate para ir a la capital del cielo, al  hermoso ranchito el Remolino.
Luego la luz se fue desvaneciendo, El obispo pudo abrir los ojos. Respiro hondo y se sintió  feliz. En ese instante entro un sirviente que le anunciaba.
__Su eminencia, lo buscan con urgencia.
__Ya lo sé, ya lo sé.
Cuando llego al lugar donde lo esperaba el señor cura José de Jesús Fregoso, el obispo lo saludo amablemente y antes de que dijera nada, le dijo.
__ Preparémonos padre, preparémonos, que mañana salimos temprano con rumbo del hermoso Remolino y bendeciremos la tumba de Santa Crucita.

El cura de Moyahua abrió los ojos desmesuradamente. Aquel hombre era un santo, ¿Cómo sabría a que iba si no le había dicho nada? El solo iba a pedirle un consejo, jamás se imaginó que el mismo obispo lo acompañaría, que bueno, un obispo en su feligresía, aunque en ese momento ninguno se imaginaba los problemas que les traería un  demonio, el demonio  que habitaba en el cuerpo de Bernabé.

domingo, 24 de noviembre de 2013

CAPITULO XIX, LA PRIMERA FIESTA DE LA SANTA CRUZ

LA PRIMERA FIESTA DE LA SANTA CRUZ


Otro día, don Onofre Villarreal, en el trapiche del Ahualulco  hablo con Anastasio.
__ Mira Tacho, yo sé que no me vas a dejar solo en un pensamiento que traigo desde que la niña Crucita me dijo de la plaza. Vas a creer que ya la tengo dibujada en la cabeza. Una capilla, y a luego en donde sepultamos a la reinita un templete con su cruz bien grande, y enfrente su plaza, bien empedrada con sus bancas como en las grandes ciudades…asina mero la voy a hacer, voy a trabajar muy duro de modo que pal año que viene ya va a estar lista, cuando menos la plaza para hacer una fiesta ahí. La capilla es la que va a llevar tiempito, y se van a necesitar centavos, pero vas a ver que de algún modo. ¿Cómo la ves? ¿Tas conmigo?
__Se lo agradezco tanto don Onofre,  y sin preguntarle a nadie, le aseguro que todos los Haro y todos los Luna ahí nos va a tener, a su servicio.
__Pos no se hable más, todos los días cuatro personas van a estar trabajando ahí, que se vayan  turnando pa que no  dejen de  trabajar en sus cuamiles   y donde los ocupen, yo nomas acabando este trapiche, que es en dos semanas más, me voy pa allá, y no paro hasta que esté todo terminado,  ahí a ver como me sostengo.
__Ya veremos que no le falte nada don Onofre, va a ver que no lo dejaremos solo.
__Pos lo único que tengo entendido es que pa hacer una capilla así de grande, se ocupa permiso del señor cura, ahí te encargo que vayas a Moyahua a que nos lo den.
Ese  mismo domingo, Anastasio y Mercedes fueron a Moyahua para hablar con el señor cura José de Jesús Fregoso. Al buen hombre se le enchino la piel y sus ojos se rasaron de lágrimas al escuchar la triste noticia. Él había bautizado a Crucita, el sabia de sus milagros, el sabía que era una santa.
__Nos  debemos de resignar a su partida, Así lo dispuso el Altísimo y así debemos entenderlo. Ahora que si ella pidió una capilla…una capilla le daremos.
Por esa misma época llego al convento de Juchipila un fraile dominico llamado Bernabé, un hombre fanatizado con la ya extinta santa inquisición, y en todas partes que iba buscaba brujas para quemar y demonios para exorcizar. Desde el primer momento que supo de la historia de crucita y su característica de adivinar el futuro, la manera como había muerto y que se hacía una capilla en su honor, se opuso rotundamente argumentado con mucha fuerza que aquella niña debió de ser una bruja, y que no se debería de hacer nada en su honor,  ni una capilla, ni  una plaza, mucho menos una fiesta. Fue un verdadero opositor, le dio por ir casi todos los días a el Remolino y como podía evitaba que los trabajos prosperaran, Los albañiles huían aterrados al verlo llegar, porque de inmediato se quitaba el cordón con el que amarraba su habito y con el tundía a golpes a cualquier persona que trabajara en el lugar.
Fueron muchos los pleitos que tuvo con los Luna y los Haro. Más de una vez quiso llevarse a Anastasio y a Mercedes para limpiarlos del mal que le habían traído al mundo. Los amenazaba con excomulgarlos y los aterraba con los castigos del infierno. Pero por más que gritaba nadie le hizo caso, máxime que el buen cura, don José de Jesús Fregoso, los alentaba a que siguieran con el proyecto. Los enfrentamientos entre los dos clérigos eran verdaderas batallas religiosas, uno argumentando que todo era obra del demonio, otro, defendiendo el dulce recuerdo de los milagros de Crucita.
El primer aniversario de su muerte, fue un tres de mayo soleado. Don José María desde un día antes había mandado matar un buey y lo hicieron birria. Las mujeres no paraban de tortear, pues se había corrido la noticia que  habría fiesta en la  plaza del Remolino, que a toda la gente que fuera, se le daría de comer.  Para ese entonces la plaza era solo un predio limpio, un templete de piedra enjarrada con mezcla de cal  sobre la tumba de Crucita, más al fondo, los cimientos de la capilla que Bernabé no había dejado que creciera en sus paredes.
Del corazón de un tronco de mezquite, a puro golpe de zuela sacaron los dos maderos con los que un hombre llamado Peregrino López, hizo una hermosa Cruz que clavaron sobre el templete. Se veía hermosa desde el camino real.
Desde antes que amaneciera, Anastasio le había anunciado a Mercedes que iba al cerro a cortar unas pitahayas para darle a la gente, que entre más cosas hubiera, más lucida seria la fiesta.
La gente desde muy temprano empezó a llegar. Todos se veían felices. Unos a otros se contaban de los milagros que seguía haciendo la niña zaurina, pues se había vuelto un verdadero ser de fe.  Alguien empezó a rezar un rosario y de inmediato se hinco la gente a seguir el rezo con mucha devoción.
Un hombre llamado Crispín Rodríguez, se acercó con don José María y le murmuro al oído.
__Oiga don Chema, me permite unas palabras.
__Usted dirá don Crispín.
Jalándolo lo llevo hasta los cimientos y ahí le dijo.
__Don José María, yo no sé ni como decirle esto, tengo re harta vergüenza y si me dice que no, pos ni crea que me voy a ofender. Pero no sé si me pueda hacer un favor.
__A ver.
__Pos ustedes y todos nosotros tenemos mucho pesar por que se nos fue la niña Crucita, Pero si esto es una fiesta, pos le hace falta algo. Yo soy de Tayahua. Allá mero cuando tenemos fiesta la celebramos con danza. Mi tata me enseno a danzar, yo le enseñe a mis muchachos. Yo quisiera don Chema que me hiciera el favor de permitirme que mis muchachos y yo, pos, dancemos unos sones por el recuerdo de nuestra santa niña.
A don José María se le rasaron los ojos. Era lo mismo en Yahulica. Allá también las fiestas eran con danza y la fiesta de su niña Crucita estaba muy triste, con puros rezos.
__De verdad nos haría ese favor don Crispín. Sería un verdadero honor.
__Pos como de que no__ Respondió Crispín emocionado__ Nomas deme chance de traer el violín y va a ver lo que es bueno.
La gente sorprendida obedeció cuando se les pidió que dejaran un espacio abierto para aquellos improvisado danzantes. Eran siete mocetones que seguían a su padre. Uno de ellos abrió un viejo estuche y de ahí saco un violín que desde que soltó la primer nota, hizo que se estremecieran emocionados los corazones que lo escucharon.
Crispín apareció vestido con un taparrabo y un copetón de plumas coloridas.  Los otros muchachos, solamente vestidos en sus calzones y camisa de manta, con huaraches de tres correas.
La danza fue una verdadera sorpresa. La gente aplaudía emocionada. Aquella ya era una verdadera fiesta, todo era alegría y eso era lo que querían los Haro y los Luna.
En ese rato llego el señor cura de Moyahua, Don José de Jesús Fragoso. Llevaba con el veinte muchachos cargando su ajuar de tastoanes. Con mucha emoción se acercó a don José María y le dijo.
__Mire nomas don Chema, yo me traje mis tastoanes para que hubiera algo de alegría en la fiesta, pero me quedo con la danza, igual a la que se le danza a mi virgencita de Zapopan. Mis tastoanes son pa Santo Santiago, la danza va a ser pa la santa Cruz, es mi orden por hoy y por siempre. Muchachos __Les grito a sus invitados __No se vistan, mejor preparen un altar que hoy tendremos la primer misa aquí, en el rancho el Remolino.
__Gracias por venir señor cura. Es un gusto que nos acompañe.
__Como me iba a perder la birria que me prometió Anastasio, por cierto, ¿en dónde está?
Mercedes muy preocupada le respondió.
__Se fue a las pitahayas muy temprano padre, es hora que no vuelve, ya estoy muy preocupada. Aquí en mi corazón estoy presintiendo que le paso algo malo.
Mercedes noto que el padre se puso pálido. Solo hizo una pregunta.
__ ¿No ha venido el padre Bernabé? Había dicho que iba a evitar esta fiesta. A costa de todo y que si se armaban en seguirla preparando, lo iban a lamentar.
__No padre, bendito sea Dios no ha venido, ni queremos que venga, ya ve como se pone.
__ ¡Padre sacramentado, si no ha venido, es probable que de verdad tu esposo esté en peligro! ¡Pronto! ¡Que alguien vaya a buscarlo!

Dos de los Haro corrieron al cerro a buscar a su pariente. No se imaginaban lo que iban a encontrar…