lunes, 24 de septiembre de 2012

CAPITULO XVIII, la muerte del gavilán





La muerte del Gavilán

 

_ ¡Lo escojo a él! 
 __Volvió a repetir el Gavilán, mientras señalaba a su elegido y adornaba su rostro con una cínica sonrisa__ Pa que me decían que podía escoger al que quisiera y si le ganaba me dejan ir.
Los comentarios se dejaron escuchar.
__  ¡El no!
__ Aprovechado.
__ ¡Escógeme a mí!
__ No la jodas Gavilán.
Hasta que se escucho hablar al elegido.
__ ¿Ja, crioque me estas apuntando a mi?
__ Si, a usted viejo, por ser el más hablador.
El viejo José María Luna soltó una carcajada que dejó sorprendidos a todos los presentes, incluso al Gavilán.
__ Pero ni sabes lo que acabas de hacer hijo de tu chinaca madre.  Ni sabes lo que acabas de hacer. A lo mejor con cualquier otro hubieras tenido una oportunidad, pero conmigo ni en sueños. Que babosada más grande acabas de hacer, y sábetelo, aquí está mi paliacate, bájate de tu burro y agárrate si de verdad te sientes hombre, y mira, con tu misma daga te voy a pelear.
El l viejo sin dejar de sonreír divertido dio un par de pasos el frente.
__ ¡No tío!
__ ¡No apá!
__ Hombre don José María, déjeme ser yo el que enfrente a este marrano.
Don José María molesto volteo a ver a todos sus familiares y con energía les dijo.
__ Miren, les voy a decir una cosa. En la mañana cuando  mi niñita Crucita fue a verme a la casa, me lo dijo bien clarito, abuelo, a ti te quedan muchos años de vida. Tú no te vas a morir hoy, ni siquiera vas a volver a sentir una herida. Vas a morir dormido.  ¿Entienden cabrestos las palabras de mi niña? ¿Hay uno siquiera de ustedes que las ponga en duda?
Nadie le dijo nada e increíblemente en el rostro de todos ellos, se fue dibujando una sonrisa.
Los chinacos también escucharon aquello y más de uno se santiguo volteando a ver al Gavilán, incluso el trago saliva. Sin embargo acerco su caballo al de la Cazanga y le dijo al oído.
__ Ya sabes yo como peleo. Voy a  darle el jalón al viejo y le voy a dar un piquete en la espalda, luego cuando estén descuidados ayudándolo, les damos en la madre.
__ Ten cuidado Gavilán, ya oites lo que dijo el viejo. No va a estar fácil. Y eso si te digo, pelea como los machos, si no se suelta del paño, peléale hasta lo último, si se suelta me lo dejas a mí, aunque este viejo no soporto los cobardes.
La Cazanga conocía perfectamente la manera como el Gavilán acababa con los rivales que enfrentaba en esa clase de pleitos. Tenía una técnica.  En un momento dado, le daba un jalón muy fuerte al paliacate para hacer que el rival se le acercara, lo dejaba pasar de lado por el envite, de una patada golpeaba la mano en donde el rival llevaba el arma, y luego, al tenerlo de espalda, le encajaba su puñal a la altura de los riñones, para después, desarmados y heridos jugar con ellos hasta que soltaban la tela, y entonces sí, matarlos por cobardes. La Cazanga recordaba aun con admiración, al hacendado aquel en Nochistlán, que murió desangrado, pero nunca soltó el paliacate.
El Gavilán desmonto, le pidió su daga a la Cazanga, pues la de él la sostenía el viejo. Volvió a sentir un estremecimiento al recordar en donde la había dejado la última vez que la lanzo.
Se acercó al viejo y mientras tomaba un extremo del pañuelo le dijo.
__ ¡Este día te mueres viejo. Y luego toda tu familia!
__ Ja,  Pendejo. Si vieras que el que se va a morir es otro. Si hasta me están dando ganas de ponerte el pecho de oquis, nomás pa demostrarme que tu daga no me entra, pero tampoco no te voy a dar oportunidad de nada.  Mi nieta me dijo que hoy yo no me muero, y un día dijo que tú, morirías el mismo día que ella se fuera con Dios
El Gavial no supo porque sintió miedo, para darse valor se dijo a si mismo que el viejo se inventaba todo para amedrentarlo, y lo estaba logrando, pero, ¿que tal si era cierto?, para ya no pensar más en eso,  se enredo fuertemente  la tela en su dedo índice, haciéndose un pequeño nudo. Volteo a ver al viejo, estaba muy relajado, el cuerpo flojo, aun no estaba preparado para el pleito, así que con toda la alevosía y ventaja, dio un salto hacia atrás al momento que jalaba fuertemente la tela y por ende a su rival.
Se escucho un grito generalizado. Por el impulso el viejo siguió la trayectoria que el Gavilán esperaba, paso de largo sin intentar siquiera usar la daga, se detuvo quedando de espaldas al rival. Sintió el golpe de una patada en su mano, e inevitablemente soltó la daga que fue a parar varios metros más allá de donde él estaba, luego sintió un golpecito en su espalda.
La estratagema del cobarde dio resultado, el viejo fue sorprendido, con la alevosa patada lo desarmó y luego, teniéndolo a su merced, descargo aquel golpe con su daga justo a la altura de un riñón. La filuda punta del arma toco la camisa del viejo, luego se escucho un golpe como que pegaba en metal, se resbaló hacia arriba un poco y luego boto hacia atrás, no entro en el cuerpo del viejo. Luego volvió a picar, pero de igual manera, la daga no entró.
Los presentes miraron la cobardía del Gavilán, Los habitantes del Remolino gritaron angustiados, los compinches del miserable gritaron emocionados. Para todos ellos el pleito estaba terminado. Pero fue grande la sorpresa al mirar que la daga rebotaba sin entrar en el cuerpo del viejo.  Incluso el Gavilán la contemplo y vio que la punta estaba un poco doblada.
Todo quedo en silencio. No había explicación.  El Gavilán sintió un extraño escalofrió y miro al viejo con miedo, su cerebro le dijo algo inconcebible. El viejo es de piedra, la niña Zaurina lo hizo de piedra,  nunca lo vas a poder matar.
Sin dejar de sonreír el viejo lentamente se dio vuelta y volvieron a quedar de frente, ahora sí, con el paliacate bien jalado y él preparado.
__ A chingao, eres ventajista, pero que te ganas, ya te lo dije, nada me mata este día.
__ ¡Jálelo pa!,  ¡onta la daga tío! ¡Suéltese, corra!, ¡Pa la daga, jálelo!
__ ¡No dejes que agarre la daga Gavilán! ¡Mátelo jefe! ¡Ya, ya!
Los gritos se oían de uno y otro bando.
__ No, si pa que quero su chingadera de daguilla, si ya de por si yo traía con quelites las verdolagas. Y a luego pa que quería mi cazanga.
Al decir eso, con la mano libre el viejo busco en su espalda, la rozadera cazanga con la que previamente se había armado para ir a luchar contra aquellos asesinos. El Gavilán abrió desmesuradamente los ojos, era enorme aquella herramienta, que en ese momento se convertía en un  arma de combate. El doble de grande que su daga, ahora quien estaba en desventaja era él.  Sin  querer Don José María la contempló y comentó.
__ Ira nomás, no sea que no la traiga fajada en la espalda si me chingas, mira nomás que rayón le hiciste con tu alfiler. Pero mi niña Crucita me la puso en donde debía de ir, y ella me protege así que a ver, dame otro tironcito.
EL Gavilán respiro aliviado. El viejo no era de piedra. Fue una coincidencia que ahí trajera fajada aquella rozadera en la que chocó su daga. No era de piedra, fácil lo iba a matar.  Que importaba que su nueva arma fuera más larga, de cualquier manera  el Gavilán  seguía siendo más joven, más ágil, más fuerte,  volvería a jalarlo y entonces sí, ya no tendría nada que lo protegiera en la espalda. Que mas daba que se hubiera  salvado una vez, pensó.
Así que nuevamente tensionó la tela y con todas sus fuerzas le dio el jalón. El viejo  no pudo evitar ser jalado, pero ahora ya iba prevenido, sabía que el  otro iba a levantar el pie, así i que bajo su rozadera y cuando paso junto al rival le dio el levantón quedando justo  bajo la pantorrilla del bandido cuando este la levantaba. Por el mismo impulso  la rozadera tomo más fuerza y el filo corto fácilmente la gamuza del pantalón, luego como si fuera un queso fresco corto plenamente la carne de la pantorrilla hasta llegar al hueso,  ahí chocó, pero se fue deslizando haciendo un chirrido extraño mientras raspaba   ese tejido duro llevándose pedacitos de hueso.
El dolor que sintió el Gavilán lo hizo lanzar un alarido horrible. Miró que el viejo  quedo de espaldas  dándole la oportunidad de clavarle la daga, pero no tuvo concentración para eso, chillaba de dolor y soltó la daga para caer en una rodilla y con esa mano agarrar su herida, de la que brotaban  borbotones de sangre.
Los presentes no captaron de inmediato lo sucedido. Miraron al forajido de cuclillas y hasta que notaron el charco de sangre supieron que estaba herido.
__ ¡Levántate Gavilán!  ¡Arriba jefe! ¡Y luego pues!
__  ¡Mátelo don José María!  ¡Cuidado apa!
De cualquier manera, a pesar del dolor el asaltante reacciono recordando que estaba en un pleito. De peores heridas se había librado, así que apresuradamente busco con la vista su daga que estaba en el suelo, pero cuando quiso tomarla, miro que un pie calzado con un huarache de tres correas la pisaron firmemente evitando que la levantara, al mismo tiempo sintió la afilada punta de una rozadera  encajarse un poco  a la altura de su yugular. No se atrevió a hacer ningún movimiento, sabia que si se movía aquel filo lo rebanaría.
__ ¡Mátalo José María! ¡Dele apa! ¡Chíngalo, chíngalo!
Los chinacos no decían nada, solo aquel que llevaba el mismo apodo que nombre del arma de don José María lo miraba con admiración.
__ Así son los machos, así se mueren los machos. Muere como todo un macho amigo Gavilán.  Eres cabrón viejo, eres cabrón.
Paso un lapso de tiempo y José María no hacía nada.  Quería que la gente se callara, pero no les podía hacer señas por tener las dos manos ocupadas, una con el pañuelo agarrado y otra con la rozadera en el cuello del asesino  su nieta, así que con energía lanzo un grito.
__!Cállense con una chingada, cállense que voy a hablar!
Los gritos de apoyo cesaron de inmediato, por lo que claramente se escucho su voz. Por la manera en que tenía la rozadera en el cuello, obligadamente el Gavilán tenía su rostro mirando hacia arriba, así que se miro fijamente con el viejo que tranquilamente le dijo.
__ Te traigo mucha rabia cabresto, mucha rabia. Nos mataste lo que más queríamos en el mundo, nos dejaste huérfanos de amor y eso nos  está doliendo hasta el alma. Pero ese mismo amor te puede salvar también a ti. Si yo te mato ahora, tonces va a ser  una venganza, sería como si te matara en honor de mi Crucita y eso, sé que a ella no le va a gustar. Así que te voy a dar a escoger una de dos.
Mira, aquí te puedo tener hasta que te muevas y te cortes  tu solo, esa no iba a ser mi culpa, pa que te movías. También aquí te puedo tener hasta   que te desangres de la pata, tampoco es mi culpa. Pero te voy a dar una oportunidad.  Si te quieres salvar, suelta el paliacate… suelta el paliacate y lárgate para siempre de estas ahora benditas tierras.
Se escucharon murmullos de ambos bandos, pero nadie dijo nada. Pasaron varios segundos, el Gavilán  miro su situación, el dolor en la pantorrilla era inmenso, la rozadera en el cuello le impedía respirar bien, le estaban dando oportunidad de salvar su vida, una oportunidad única. Si se daba prisa y llegaba con el brujo, este le podía cerrar la herida de la pierna. Si se quedaba iba a morir. No quería morir, era joven, no quería morir. Pero si soltaba el paño, lo iban a considerar cobarde. Qué más daba lo que los demás pensaran.
José María apenas alcanzo a escuchar cuando murmuro.
__Me voy, me rindo, quíteme la rozadera.
__ No cabresto, primero suelta el paño.
Nuevamente murmullos, nadie podía creer aquello y menos cuando lo empezaron a ver, el Gavilán empezó a mover su mano para deshacer aquel nudo, símbolo de la valentía.
__ ¡No Gavilán, no te sueltes, no te sueltes, no seas cobarde! __su lugarteniente le gritaba indignado desde su caballo __ ¡Muere como los machos Gavilán!
Los otros chinacos también estaban indignados, no podían creer que su jefe de tantos años, el hombre admirado, el líder valiente estuviera haciendo eso. Pero el Gavilán no escuchaba nada, él quería salvar su vida. Por fin, se deshizo del nudo que lo liberaba de aquel compromiso.
Con un esfuerzo enorme se puso de pie. Miro los ojos del viejo y no encontró rencor en ellos, sino una paz tan grande que en ese momento le hubiera gustado sentir.
__ Fíjate Gavilán __ Dijo José María __ Que aquí adentro de mi cabeza oí como que mi niña me hablaba, que cosas tan curiosas, y clarito me dijo, no lo mates abuelo, no lo mates… dile al Gavilán que lo perdono, pero que Dios no, que allá lo esperan para su juicio final. De verdad, dialtiro oí eso. Ahora…  ¡lárgate no vuelvas nunca más!
El viejo se dio la vuelta para volver con los suyos.
__ ¡Un caballo, pronto, mi caballo! __ Ordenó el bandido, pero ninguno de sus compinches se movió. La Cazanga su compañero, tenía los ojos inyectados en sangre por la rabia y el asco que le producía su jefe.
__ Un caballo quieres marica, un caballo, eres un cobarde Gavilán, eres un cobarde y esto es lo que te mereces.
Sin decir más, dándole un espuelazo a su montura, salto sobre el bandido y con el pecho del caballo golpeo a su jefe. Por la sorpresa y la herida de su pierna  cayo al suelo. Desde ahí miro asustado a su subalterno, lo asustó la mirada de odio, quiso incorporarse pero le fue imposible porque las patas del caballo de jinete se lo impedían, sintió como aquellas pesuñas empezaron a mallugar su cuerpo, en las piernas, el estomago, al rodar en su espalda. No había manera de huir, de repente miró que no era solo un caballo, decenas de pesuñas lo rondaban e iban de allá a acá hiriéndolo. Su pandilla completa, asqueados también por su actitud cobarde se unieron a la Cazanga y entre todos se dieron a la tarea de destrozar al infeliz herido. El Gavilán chillaba aterrado, pero nadie le tuvo compasión. Poco a poco su cuerpo se fue convirtiendo en una maza sangilonienta a la cual, no conformes con despedazarlo, la mayoría de los chinacos sacaron su pistoleta de un tiro, y las vaciaron sobre su cuerpo ya inerte.
Una vez que dejo el Gavilán de gritar y su cuerpo fue arrastrado de allá a acá, dejando marcas de sangre por todas partes, fue cuando consideraron que el orgullo chinaco era restablecido,  entonces  la Cazanga grito con mucha fuerza.
__ ¡Chinacos, ya se murió el Gavilán! ¡Ahora yo soy el jefe!
Se escucho un grito de apoyo por parte de los bandidos, sin embargo no le duro mucho el gusto, pues apenas había gritado aquello, cuando sintió algo picando su estomago. Montado como estaba volteo hacia abajo y alcanzo a mirar los ojos azules de Fermín Horta que brillando de emoción le alcanzo a decir.
__ Pos que ya se vayan buscando otro jefe, pero lo que eres tú, ya te cargo la chingada.
Y al decir esto, Fermín Horta empujo con fuerza su lanza entrando por el estomago y le salió por la espalda despedazándole completamente un pulmón lo que hizo que empezara a lanzar borbotones de sangre por la boca dando un espectáculo dantesco.
__ ¡Al ataque mis valientes! __Grito Fermín __ ¡A matar chinacos de cagada!
Los hombres de Fermín Horta obedecieron al momento. Todos montados y tan bien armados como sus enemigos, hombres valientes del cañón de Juchipila.
El grupo de chinacos que quedaban, al verse completamente acéfalos, no supieron cómo actuar, estaban acostumbrados a recibir órdenes así que no se defendían, su mente solo les ordenaba huir, huir y eso era lo que hacían, pero la gente de Fermín y los remolinenses enojados atacaban con valentía.
Muchos fueron los muertos, ninguno del Remolino. Alguno chinacos lograron escapar y estos llevaron la noticia de la muerte de los jefes. Desde ese día la pandilla ya no logró unirse completa de nuevo. El pinto después  quiso liderarlos pero no tenía capacidad y en un intento de asaltar unos  arrieros de Fermín Horta lo mataron junto con todos los hombres que lo siguieron.
Así fue como acabo aquella leyenda del bandido que mataba mujeres, así fue como murió, en manos de un hombre viejo, pero valiente,  el Gavilán del Cañón de Juchipila.

En el cerro, la tarde de la batalla, una vez que mataron a los chinacos que pudieron,  el resto del día los hombres lo dedicaron a hacer tumbas para enterrar los cadáveres. Ya noche regresó cada quien a su casa. En la  conciencia de todos ellos no había remordimiento alguno, sentían como que habían matado bestias dañinas, perros del mal, ratas perjuicientas.
Lo único que sentían todos, era una inmensa nostalgia por la niña Crucita. Se les había pedido que no lloraran y así lo hicieron la mayoría. Pero también Crucita les había  pedido otras cosas, la más importante, hacer una fiesta año con año,  y ese pensamiento no se les apartaba, esa fiesta se iba  a hacer a costa de cualquier cosa… creían que era cosa fácil, pero no era así, en ese momento no se imaginaban lo que les esperaba…no se imaginaban lo que les esperaba.

FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ. 

lunes, 17 de septiembre de 2012

CAPITULO XVII, El origen de la Fiesta de la Santa Cruz. (tercera y última parte)

CAPITULO XVII, El origen de la Fiesta de la Santa Cruz (tercera y última parte)

Mercedes se  quedo impactada por la declaración que le hiciera su hija, que iba a morir el mismo día que el Gavilán, y ya no faltaba mucho. No le quiso preguntar nada, no quería saber detalles. Cuando Anastasio volvió de trabajar, le conto sobre el asedio del bandido y de que al parecer los había visto en el arroyo de Santa Teresa.  Le conto sobre las insinuaciones de aquel hombre y como Crucita le había dicho que no le iba a pasar nada.
__Si eso te dijo la niña, no te preocupes. Yo le creo todo lo que dice. Lo que me duele es  eso de que se va a morir pronto.  Voy a hablar con ella para que me explique.
__No Atanasio, mejor no le preguntes nada. Para que saber lo que nos va a martirizar más. Mira, mejor nos iremos para otro pueblo, a Yahualica, o a Guadalajara, a lo mejor allá por estar lejos de los bandidos no le pasa nada.
__Fíjate que tienes razón, mejor nos vamos del Remolino, voy a hablar con tu papá y con el mío, quien quita y nos pongamos de acuerdo y nos vamos de aquí, de todos modos yo ya no voy a estar agusto dejándolas solas. Es más, desde hoy pa onde yo vaya, van ustedes. Andamos haciendo el trapiche en el Agualulco, pues se van conmigo y ya que lo acabemos y nos paguen, nos vamos de aquí.
Por aquella decisión de Anastasio, fue que el Gavilán no volvió a encontrar a Mercedes. Tanto los Haro como los Luna trabajaban en la construcción de un trapiche en la hacienda del  Agualulco. Desde antes que amaneciera Anastasio, su mujer y sus tres hijos caminaban al sitio de la construcción, con comida para todo el día, y ya regresaban hasta muy tarde.  El Gavilán fue a su jacal a buscarla varias veces, pero al encontrarlo vacío, fue desistiendo de su intento, pensando que la familia se había ido del rancho.
El bandido se volvió un hombre taciturno, pensativo, Mercedes se volvió una obsesión y sus secuaces lo notaban. Ya no era un hombre aventurero, los mandaba a ellos a robar y a enterrar el botín, pero él se la pasaba tomando escuchando a aquel grupo de músicos que con una guitarra, un violín y una tambora les pedía una y otra vez aquella canción que decía, “Delgadina se paseaba de la sala la cocina, con su vestido de seda, que a su cuerpo ilumina”. Y es que dentro de sus fantasías así la imaginaba el Gavilán, toda una dama, viviendo con él en alguna ciudad de renombre, ya fuera Guadalajara o Fresnillo, se visualizaba llevándola del brazo por la plaza, amándola eternamente. Pero sufría al imaginarla lejos de él, en brazos de Anastasio.  Aquel sentimiento también se le encarnizo. Juró matar al hombre que la poseía, Mercedes sería solo para él, solo para el.
Por esa razón sintió un gusto enorme aquella mañana cuando el Moco le llego con la noticia.
__Fíjate Gavilán que ya supimos porque no encontramos a la güerita en su jacal. Según esto se la llevan en el trapiche que están haciendo aquí el lado de Juchipila, ayer que Pasaron la Cazanga y su gente por ahí, la vieron muy atareada cocinando. Quien quita y ahí vivan.
El Gavilán, recostado sobre las escalinatas que subían a las ventanas del cerro del mismo nombre se incorporo inmediatamente.
__ ¿Y por qué no me habían dicho?
__Pos porque estabas bien briago.
__ Vámonos inmediato, hoy mismo esa trenzuda duerme conmigo. ¿Cuánta gente tenemos?
__ Pos  tan diez cuidando la hacienda de la Labor,  yo nomas traigo cinco Chinacos,  y el pinto ha de traer unos veinte allá en el camino real esperando los arrieros.
__ No necesitamos tantos pa no hacer bulto, traite unos diez. Dile a la Cazanga. Vamos a ver cómo va el mentado trapiche.
Con una emoción muy grande fue hasta su caballo y seguido por su gente corrieron ladera abajo rumbo al Agualulco.
Cuando llegaron solo había unos cuantos peones ordeñando el ganado y dándole de comer. Dejaron  de hacer sus labores cuando llegaron los chinacos. Todos les tenían mucho miedo y respeto.
__Buenas __Dijo el Gavial al primer peón que se topo.
__ Buenas para servirle señor Gavilán, ¿Qué se le ofrece? No están los patrones.
__ No los vengo buscando a ellos, sé que aquí vive la niña Zaurina, y su madre. ¿En donde están?
__ No señor, aquí no viven. Viven en el Remolino. Pero como aquí trabaja Anastasio, se las  trae todos los días.
__ Y hora on tan.
__Allá señor, como  hoy es tres de mayo, don Onofre Villarreal es devoto de la Santa Cruz y no quiso trabajar, y como él es el albañil, pos le pidieron el día al patrón. Si busca a la niña Zaurina, allá está en el Remolino.
El Gavilán ya no dijo nada. Simplemente con una  seña lepidio a su gente  que lo siguiera.
Cuando se fue, los otros peones se acercaron al que hablaba.
__ ¿Que quería? __Pregunto uno ya viejo.
__ Que ver a la niña Zaurina.
__ No,  ese trae otra intención. Saben que, yo voy al Remolino, Dios no quiera que le pase una desgracia a mi niña Crucita. Ella que con su santa mano me alivio de mis reumas, que ahora me sirvan para servirle a ella.
 Y tras él fueron los otros peones, y toda la gente que se iban encontrando en el camino.
Tres de mayo. Crucita acostumbrada a levantarse muy temprano para irse con su papá, ese día no fue la excepción. Toda su familia la abrazo y felicitaron por ser su día. Ella muy contenta le pidió a su madre que sacara agua del pozo y que la bañara, luego le pidió que le pusiera su ropa limpia y bonita, con la que iban a Juchipila, la peino con unos moños blancos, luego la niña tomo su rebocito y a manera de cananas se la tercio en el pecho, se calzo sus huarachitos y cuando se sintió lista le dijo a su madre.
__Mama, voy a casa de mi abuelo, tengo que decirle unas cosas muy importantes, además, mi abuelita me está haciendo una muñeca de trapo para regalármela el día de hoy.
__Espérame, déjame darle de almorzar a tu papá y a tus hermanos y luego vamos juntas.
__ No mamá, yo no puedo esperar, mejor ustedes me siguen al rato. Así tiene que ser.
Sin decir nada más, la niña corrió a la puerta del patio y salió al camino real. Anastasio andaba dándole algo de pastura a su mula, la miró irse, no le dio importancia, seguro solo iba con los Villarreal que eran los vecinos más cercanos a algún mandado de su mamá.
Ese Día Crucita cumplía Seis años. Para una niña de su edad la distancia desde su jacal, junto al arroyo blanco hasta el Remolino de los Luna, no era de llegar en un momento, sin embargo ella acostumbrada a caminar, pronto llegó a con sus otros familiares.
Don José María sentado sobre un huacal, con un sarape sobre sus hombros, recargado sobre un jacal recibía plácidamente los rayos matutinos, mientras Chagua le daba un té de canelilla con cascaras de cuachalalá.
__Buenos días, abuelito, buenos días tía Chagua ¿Cómo están?
Ambos recibieron con una sonrisa a aquel angelito que tan amablemente los saludara. No había otra manera.
__ Yo malito mija, malito…me anda pegando el chaguiztle yo creo que ya me les voy a  morir.
__ Chiquiado es lo que está __Respondió la mensolaca __Pa que le traiga de almorzar aquí. Y si le voy a traer, pero los trastes pa que los lave.
__ No digas eso tía Chagua __Dijo Crucita mientras besaba a su abuelo en la mejilla __Porque si tiene un poco de calentura. Pero no es nada abuelito. Tú te vas a aliviar. Y te digo una cosa, no te vas a morir pronto. Te quedan muchos años de vida. Y desde hoy, no vas a volver a sentir dolor alguno. Ya no te vas a enfermar y ni  tu cuerpo será herido, ni vas a morir ahogado en el rio o caerte de un árbol o de un barranco. No, el día que Dios mande por tu alma, va a ser cuando tú estés dormido para que no sufras. Así que no te preocupes abuelito.  No te vas a morir pronto como tú dices.
En ese instante el viejo sintió como su cuerpo se fue fortaleciendo, como que con los tragos de aquel  te fuera penetrando una infusión milagrosa.
__ A que mija, si no fueras milagrosa ni te creyera. Pos si yo voy a vivir tanto tiempo, pos ta bueno pa que me cuides tu.
__No abuelo, te va a cuidar mi tía Chagua. Yo hoy me levante con una misión. No sé cual es, no he tendió la revelación. Pero este día va a pasar algo grande, algo muy grande. Pero no sé que es.
Anastasio seguía en sus corrales cuando escuchó que lo llamaba Mercedes.
__Viejo, ven, te habla tu padre.
En efecto, el viejo Haro había venido de visita desde el Rio Adentro con una quiligua de guámara.
__Buenos días mijo, mire lo que le traigo, ahora que andas de albañil ni siquiera puedes ir a traerte tu pedito jediondo. Ándale, vente pa que nos almorcemos unas rosquitas.
Anastasio sonriendo llegó para besar la mano de su padre y luego se sentaron en el patio a degustar de aquel manjar natural.
__Oye mijo, y Crucita. ¿Onde esta que no viene a darme ni los buenos días?
__Sabe, hace rato salió. Ha de andar con los VIllarreales. ¿Oye mujer y la niña?
__ ¡Fue para la casa de mi papá!
El viejo se incorporó  asustado.
__ Nombre, no la jodan. No la dejen ir sola. Anda el Gavilán y sus chinacos por aquí, anoche bien jodió con su música desde el cerro, ni dejó dormir. No vaya a ser que se la vaya a robar si se la encuentra solita por ahí en el camino.
Al escuchar aquello, los padres de Crucita palidecieron. Anastasio se incorporo al momento y dijo.
__ ¿Va conmigo padre? Voy con los Luna a buscar a mija.
__ Vamos, como no.
__ Perime, deja traer mi reboso, yo también voy __ de inmediato dijo Mercedes.

En el momento que crucita recibía de manos de su abuela, aquella rustica muñeca hecha a mano, con telas de percal, miraron que por el camino real pasaba aquella comitiva de chinacos. La sonrisa se borro del rostro de la niña. Sus familiares asustados miraron como palideció y cayó de rodillas mirando al cielo.
Abrió los brazos y se quedo en silencio.  Nadie se atrevió a tocarla, pero se miraban unos a otros cuando con claridad escuchaban a la niña pronunciar aquel monologo, como si estuviera hablando con alguien en lo alto.
__Si Padre, si, es tu voluntad y yo soy tu sierva para servirte. Así es y así será…hágase tu voluntad, sea pues. Ten misericordia de mi alma.
Luego bajo la cabeza y con las manos entrelazadas sobre su pecho parecía que rezaba, finalmente se persigno y con una triste sonrisa le ordeno a su abuelo.
__Ven abuelo, tienes que venir conmigo, mis padres están en gran peligro, tienes que ayudarme.
El viejo ni siquiera pidió su sombrero, mal se calzo sus huaraches de tres correas y tomando la mano de la niña salieron al camino real. Tras ellos, alarmados iban todos los Luna, sabían que la niña no se equivocaba en nada, algo grande iba a pasar.
Anastasio y Mercedes corrían con todas sus fuerzas rumbo a los jacales de los Luna. Don Gorgonio Haro, por estar ya muy viejo no pudo seguir su paso y se quedo muy lejos. Pasaron el arroyo que bajaba del Jaral y siguieron con su mismo ritmo, pero de repente se detuvieron en seco. Por ir concentrados en su carrera, no se fijaron que en dirección contraria venia aquel atajo de jinetes pendencieros.
__!Es el Gavilán! __Dijo Mercedes asustada.
__Si, vente, vente.
En un intento por eludirlos,  Anastasio tomando de la mano a su mujer se salió del camino real, pero era inútil, el Gavilán y sus secuaces ya los habían visto y estos empezaron a gritar emocionados, al momento que también se salían del camino y corrían tras la pareja.
Muy pronto los alcanzaron y corriendo sus caballos en círculo hicieron una pared impidiendo que pudieran seguir avanzando. Anastasio iba completamente desarmado, en la prisa por salir de su casa ni siquiera se acordó de agarrar  su inseparable machete. Miró al suelo buscando piedras o cualquier otra cosa que le sirviera, lo único que  miró fue el tronco de un huizache seco que por quedarle cerca quebró de una patada y curiosamente al  tomarlo, miro que se formaba una cruz perfecta en las dos ramas que le salían.
Con aquella improvisada arma empezó a caminar en círculo tirando ramasos al chinaco que más cerca tuviera. Mercedes tomada de sus espaldas no dejaba de gritar asustada.
En una de esas paso junto a él, El Gavilán y Anastasio lo golpeo en la cintura logrando que casi callera de su caballo. El bandido enojado desenvaino su espada y detuvo su caballo.
__ ¡Ya, quietos todos! __Ordenó __Este cristiano es mío, yo lo voy a matar.
Al decir eso, y sin  otro aviso, aventó su cabalgadura sobre el pobre de Anastasio que sudoroso lo único que hizo fue poner la cruz de huizache sobre su persona y con ella defenderse de los envates del cobarde. Fue una y otra vez que la espada choco contra aquella cruz, los chinacos reían a carcajadas al contemplar la angustia del atacado. Solamente la Canzanga no celebraba aquel pleito.
Nadie se explicaba como aquel pedazo de madera resistía tanto golpe, y menos como Anastasio fue tomando confianza de tal modo que fácilmente eludía al caballo y al mismo tiempo tiraba ramazos. Poco a poco se fue ganando la admiración de la concurrencia y las risas de burla para Anastasio empezaron a ser de apoyo.
__ ¿Qué paso Gavilán, no que muy, muy?  __ Le dijo la Cazanga, luego los demás empezaron a apoyar al de a pie. Eso hizo enojar más al líder, que en un momento dado y cansado del juego ordenó.
__ ¡Lácenlo cabrestos, láncenlo pero ya!.
__ Ya no pudiste con el Gavilán, ya no pudiste pa chinglármelo yo. Pero eso si te digo, me lo chingo yo y la vieja es para mí.
Aquello fue el límite del orgullo herido en el maleante y volvió a ordenar.
__  ¡Que lo lacen les dije!
Varias cuerdas se vieron volar, Anastasio eludió algunas, pero no pudo hacerlo con todas y pronto se vio impedido para seguirse moviendo. Sintió un jalón fuerte y perdió el equilibrio cayendo al suelo. Su arma se vio tirada en el suelo.
Sabiéndose triunfador el Gavilán expresó:
__ Se lo dije amigo, con el Gavilán nadie puede.
Guardo su espada y sin dejar de reír dejo caer sus palabras lentamente.
__ Me gusta su mujer amigo, me gusta, y me la voy a llevar, nada más por eso usted va a morir. No se preocupe, la voy a hacer muy feliz.
A pesar de su situación Anastasio viéndose perdido le dijo.
__ No creo que la vaya a hacer muy feliz, ella necesita de un hombre, y no creo que usted sea tan lo suficiente.
Aquellas palabras le dolieron al Gavilán, recordó lo que miró en el arroyo cuando él estaba desnudo y si se refería a eso, tenia completamente razón, aunque lo que quería decir Anastasio era otra cosa, se estaba refiriendo a tener un duelo hombre a hombre.
__ ¡Yo soy más hombre que el que más, y no quiero que nadie lo dude! Y menos usted amigo.
__ Demuéstremelo, vamos peleando mano a mano, machete en mano cada uno.
__ Tiene razón este cristiano Gavilán __ Expreso la cazanga __ Esta defendiendo a su mujer.
__ No cazanga, no…pa que la fatiga si ya lo tengo echadito como un conejo.  Es más fácil meterle una daga  y sin necesidad de desmontarme, luego me llevo a la vieja y que el  temporal siga dando elotes… Pa que la fatiga.
__ Pos yo nomas decía.
__ No te preocupes Anastasio __ Por fin dijo Mercedes un poco tranquila __Yo nunca voy a ser de un poco hombre y estoy segura que a él le falta lo que tanto te sobra a ti y ni él ni nadie podrá ser igual que tú, no es hombre, me gusta para que sea más vieja que yo.
Aquello  fue lo que verdaderamente lo enardeció, para demostrarle a la mujer lo hombre que era, saco la daga que llevaba en su cinturón y la levanto con coraje, de esa misma manera y sin medir consecuencias el arma salió disparada….en ese momento se escucho un grito angustiado…
__ ¡No papa, no a mi papa!
La daga sin misericordia siguió su trayectoria, Anastasio espero el golpe,  pero para su sorpresa y sorpresa de todos, un  pequeño cuerpecito cayó sobre él  y el filoso instrumento no alcanzó a tocar su carne, pero si otra limpia, débil, transparente, la carne de un angelito bajado del cielo.
El caos fue generalizado. El Gavilán se puso pálido, los hombres que sostenían las cuerdas que amarraban a Anastasio las soltaron asustados, la Cazanga movió la cabeza reprobatoriamente, don José María no paraba  de gritarle a su nieta. Mercedes no soporto la visión del cuadro de su hija con una daga en la espalda  y se desmayo por la impresión. Anastasio no supo que pasaba hasta que liberado de la tensión de las cuerdas pudo mover los brazos y abrazar a su hija. Al sentir humedad en sus manos, las miro y estas estaban rojas, rojas de sangre inocente, entonces lanzo un grito de dolor que se escucho más allá del cerro de las ventanas, más allá de la ciudad que se encuentra en sus profundidades, más allá del cañón de Juchipila.
Un grito que alerto a todos los vecinos del Remolino, que hizo que los peones del Agualulco  apresuraran sus pasos, que hizo que Onofre Villarreal dejara el petate para levantarse a ver qué pasaba, un grito que llegó hasta los corrales de Fermín Horta y al momento lo puso en alerta, lo mismo que a sus lanceros a quienes les dijo de inmediato.
__ ¡Esa no es cosa buena muchachos! ¡Agarren sus espadas, vamos a ver que está sucediendo! ¡No vaya a ser que por ahí ande el jijo de su chingada madre Gavilán! Vamos a cortarle el pico.
El Gavilán empezó a sudar frio. Se asusto al ver a Mercedes caer desvanecida. Se asusto al mirar que su daga traspasaba un cuerpo inocente.
__ Yo, yo, yo…pos yo no tuve la culpa…ella se atravesó…yo que.
Un chinaco se persigno.
__ Es la santa niña Zaurina.
__ Virgen de Guadalupe.
Se santiguaron los demás.
Los gritos y llantos de don José María y Anastasio atrajeron a la gente que iba por el camino real.
__Viene gente Gavilán, son muchos.
__ Mercedes esta tirada, levántenla y tráiganla.
__Allá viene Fermín Horta.
Aquel nombre lo aterrorizo. Sabía que no era un enemigo cualquiera y dando nuevamente señas de cobardía y olvidándose completamente de la mujer que amaba, le dio vuelta a la rienda de su caballo y grito.
__ ¡Vámonos, a luego venimos por ella!
Y así, seguido por sus secuaces corrieron con rumbo al rancho de Atemajac.
Con la llegada de tanta gente, se dieron a la tarea de ayudar a los desvalidos. Anastasio no permitió que nadie tocara a Crucita. Don José María ayudo a su hija, alguien llevaba un guaje con agua y con ella despertaron a la desmayada, que luego de recuperarse empezó a llorar con mucho dolor. Llegó don Fermín Horta y al mirar aquel  mar de dolor pregunto.
__ ¿Fue el jijo de la chingada del Gavilán, verdad?
__ Si don Fermín __  alguien le contestó.
__ Ahora lo alcanzo y ya verá ese pendejo.
Se disponía a partir con su pequeño ejército, cuando se escucho una débil vocecita.
__ No don Fermín, espere. Todo tiene un tiempo.
Anastasio levantó a su hija que sonriente lo miraba. La gente guardo silencio, Mercedes los abrazó angustiada.
__ Papa, quítame esa daga. Me duele mucho.
Anastasio obedeció, un hilo de sangre salió por la herida, luego pareció que se cerró.
__ No llores papá, no llores mama. No quiero que llore nadie, deben prometérmelo.  Esto es un mandato del cielo y por lo tanto lo debemos obedecer.  Siéntame papá, les quiero hablar a todos.
Esperanzado por estar escuchando a su hija de aquella manera, Anastasio  se recargo en un huizache y luego sentado puso a su hija sobre sus piernas. Lentamente la gente los empezó a rodear. Mercedes se abrazó a los dos.
__ Papá, mamá…me acaban de dar mi ultima revelación. Hoy van a venir unos angelitos desde el  cielo por mi alma.
__ No digas eso hija.
__Silencio mamá. Es necesario que nadie me interrumpa, no hay mucho tiempo.  Hoy se ha llegado el día en que tengo que volver al cielo, pero antes deben de escucharme. Ya se a lo que he venido a este mundo. Vengo a ser la unidad entre ustedes. Mi nombre es Cruz y ese será el símbolo de este ranchito. Mira papá  con lo que te has defendido el día de hoy, con una cruz rústica, pero te ha salvado la vida. Es mi voluntad que esa cruz la pulas, y la lleves de casa en casa, para que siempre recuerden que una cruz nos puede salvar. Es también mi voluntad padre, que me sepultes aquí mismo,  en donde entregaré  mi alma a Dios, en cuanto veas que cierre mis ojos, no me veles ni me llores, sepúltame en ese instante. Don Onofre Villarreal, usted que es tan buen albañil, luche por que en este día se celebren los que trabajan como usted, y escuche esto.  Es mi voluntad que sobre mi tumba haga usted un templete y sobre ese templete coloquen una cruz grande, de madera buena a la que la gente le ponga toda su fe y le pidan milagros. La Cruz es milagrosa. Es mi voluntad don Onofre Villarreal, que en este mismo lugar, se edifique una capilla en honor de nuestra santa cruz, y que frente a la capilla se limpie este terreno para que sea una plaza, en donde la gente pueda venir a bailar y festejar este día, porque este día de hoy en adelante será de alegría, nadie deberá de llorar, porque padre, madre, abuelos, es mi voluntad que año con año, en la plaza que construirá Onofre Villarreal, se haga una fiesta recordando la unidad en este rancho. Y la Cruz que pulirás de esa madera seca y la cruz grande que colocaran sobre el templete, serán por siempre el símbolo de esa  unidad.
__ Hija, y cuando la Cruz se quebré, que se caiga con el tiempo.
__ No padre, esa cruz nunca se habrá de caer. Y tienes razón, llegara el día que será vieja y débil. Entonces llegara un año, muy lejano aun, que la fiesta no se va a hacer porque el mundo estará en peligro por una enfermedad desconocida. Ese año, un hombre que llevara mi mismo nombre, mandara que esa cruz tan simbólica, sea cubierta con otra cruz de piedra, y así, por una eternidad seguirá bendiciendo a toda la gente buena de este rancho. Ya para entonces, nadie de ustedes ni sus nietos vivirán, ¿entienden cuanto falta para eso? Lo que quiere decir que será una fiesta para muchos años.
Esa fiesta  será un ejemplo en la comarca, otros ranchos la harán también, pero ninguna será tan bonita como la que se hará en esta plaza, la plaza  de los Villarreal. LA FIESTA DE LA SANTA CRUZ  DEL RANCHO EL REMOLINO.   Y no olviden lo que les dije. No lloren, entiérrenme aquí mismo y vivan unidos, la santa cruz será su símbolo por siempre.
Don Fermín Horta, escúcheme, usted se tiene que quedar en el Remolino, ni piense en irse, este pueblo necesita de usted, pues alguien de su descendencia, va a traer a esta plaza, algo que también será un símbolo para el rancho. Dos árboles que significaran  la benevolencia, la espiritualidad y la hospitalidad de la gente del Remolino. Pero para eso aún falta mucho. Dios bendiga la decendencia de todos ustedes.
Y al decir eso, volteo al cielo y sonriendo dijo.
__Estoy lista padre eterno, al momento que tú lo dispongas.
Luego, fue cerrando lentamente sus ojos. Dicen que se escucharon unos canticos muy hermosos, pero nadie miro nada, que en el cerro todas las pitayas se  abrieron, que bajaron los arroyos con agua clara, que los guamichiles se llenaron de guámara, los temachacos dieron flor y algunos guajes se llenaron de retoños.
Mercedes lanzo un grito dolorido y abrazo a su hija, que inerte yacía sobre los brazos de su padre. Anastasio habló claro y fuete.
__ No llores Mercedes, no llores, fue una orden de mi hija. Ahora, por favor, si alguien me pudiera traer una pala, necesito hacer una tumba, la tumba de la santa niña Zaurina del Remolino.
No fue una, sino tres palas las que trajeron de la casa más cercana. Pronto entre los hombres ahí reunidos  hicieron aquel hoyo, en el que con mucho amor, Anastasio bajo, luego  pido a su hija y la depositó sobre el suelo virgen. Don José María le pasó su sarape y le ordenó que la tapara con él para no echarle la tierra así nomas. Salió y luego, poco a poco fueron cubriendo aquel cuerpecito.
Una vez que estuvo  tapado, se arremolinaron las mujeres y empezaron a rezar. Don José María con voz fuerte dijo.
__ ¡Ya escucharon la voluntad de mi nieta! Nadie va a llorar, y este es un día de fiesta. Por eso esto no se acaba aquí. Pronto Gumaro, pronto todos los Lunas, tráiganse los machetes y las rozaderas, no va a haber chinaco alguno que este día quede con vida. Mi nieta no dijo nada de que no los buscáramos.
__ Pérese Don José María, esto no es asunto nomas de los Luna, también a los Haro nos debe una ofensa ese cabresteo, vamos a ver como se porta hombre a hombre.
__ Pos no van solos, van a pensar que Fermín Horta no les tiene ganas de oquis, hoy me pagan todas las que me deben.
__ Pos nunca se ha dicho que Onofre Villarreal sea un rajao… ni sus hijos tampoco.
__Ni los García,
__NI los Ríos
Y así, cada uno de los hombres que estaban ahí ratificó su deseo de ir en busca de aquella partida de cobardes.
__Agarraron para Atemajac.
__ No oigan, ahora que veníamos de Contitlán, vimos que daban vuelta para el rumbo del cerro de las Ventanas, y hasta oímos que el Gavilán a todo galope le decía a su gente, que para sentirse a salvo, apenas en el cerro.
__ Pos ya se chingo, ahí no hay para donde corra.
El Gavilán descansaba  en donde empezaba la cuesta del cerro. Por medio de señales de humo había mandado llamar a toda su gente que tenía alrededor.  Los que sitiaban la hacienda de la labor, y los que estaban esperando los arrieros para el lado de Guadalajarita. Sabía que lo podían seguir, sobre todo la gente de Fermín Horta, por eso quería contar  con él la mayor cantidad de gente.
__ Se me hace que se te paso la mano Gavilán__ Escucho que le decía la Cazanga __ No es de hombres matar niños.
__ Cállate pendejo, ella se atravesó.
__ Pos sabe. La verdad es que esto no me gusto y sabes que, ya no me gustas para jefe, así que con tu permiso yo me voy a la chingada. Me llevo a mi gente.
__ No puedes hacerme eso Cazanga, sabes que te necesito,
__ Ya dije… no me gustó cómo te portaste hoy.  Eres un cobarde. Me largo.
Pero la intención de aquel hombre quedó  trunca, porque en ese momento bajaba  del  cerro un chinaco asustado.
__ Viene mucha gente Gavilán,  por todos lados, no hay por donde correr.
__ ¡Júntense todos, por muchos que sean no son tan buenos para  el pleito como nosotros, júntense y que nos vean bien armados, verán que se asustan y se van!
Así lo hicieron, el Gavilán bajo en su caballo a la yunta que había junto al rio, todos sus hombres tras él. Se desesperaba porque no llegaba  el pinto, el Moco no decía nada, pero no dejaba de voltear para el rio Adentro. Pronto se  escucho la gritería de los enemigos e instantes después se miraron  aparecer. Al frente iba Anastasio, llevaba solo un machete en la mano.
La cantidad de personas que lo acompañaban triplicaban al número de bandidos. Estos a pesar de estar armados con pistoletas, espadas, dagas y lanzas, se sentían nerviosos.
Cuando estuvieron frente a frente,  se escucho el mover de armas.
__ ¡Hasta aquí llegaron tus sinvergüenzas Gavilán! __ Le grito con rabia don Fermín Horta e  iba a dar la orden a sus hombres para que atacaran, pero con voz tranquila intervino Anastasio y le dijo.
__ Espérese un momento don Fermín, espérese. Este cobarde tiene una deuda con los Haro, y antes que otra cosa pase, nos la tiene que pagar.  Pa que derramar tanta sangre. Yo solo puedo con él.
__ No yerno, no nada más tiene una deuda con los Haro, también Crucita era Luna. También tiene una deuda con los Luna __ Se adelantó don José María.
Los dos hombres se quedaron mirando. Tenía razón el viejo, Crucita tenía sangre de los dos. Atrás de ellos había quince hombres entre Haro y Lunas, todos muy valientes, capaces de enfrentarse a aquel canalla y cobrar su cobardía.
__ ¡También aquí esta Fermín Horta!
__ Con su perdón don Fermín, Pero mi suegro tiene razón, esto es un asunto de los Haro y los Luna, y creo entender su idea. Cualquiera de nosotros nos bastamos para matar a una rata como ese que tenemos enfrente, pero usted nos puede ayudar para que no se metan los otros.
Luego dando un paso al frente grito con mucho valor.
__ Gavilán, pinche cobarde, poco hombre, me mataste a mi niña que era inocente.  Te podemos matar como a una rata, sin embargo te vamos a dar una oportunidad. Bájate de tu caballo y escoge a cualquiera de nosotros, que sea Haro, que sea Luna…y frente a frente demuéstranos que tan hombre eres.
Para que se notaran entre el gentío que estaba tras él, los que llevaban apellido Luna o Haro dieron un paso al frente. El gavilán los miró uno a uno, incluso a Gumaro y su mano mocha. Uno a uno de aquellos hombres se desenredó los paliacates que llevaban amarrados al cuello y en señal de reto se lo tendieron al bandido.
La Cazanga miraba  aquello divertido. Sintió admiración por todos aquellos hombres. Por muy valientes que fueran  no sabían la capacidad que tenía su jefe. Muchas veces lo había visto pelear y sabía que era una fiera. Decenas de hombres habían perecido en la punta de su lanza.
__ Esos son tanates jefe, esos son tanates…__ La cazanga le dijo al Gavilán __ Escoja al prieto pitudo, es el que trae más coraje, sería el que le diera mas pleito, pero qué le dura.
Con sorpresa vio que el Gavilán estaba pálido, sudoroso, nunca lo había visto así.
Nada dijo el jefe, respiraba profundamente y seguía viendo al grupo de hombres que machete o daga en mano lo retaban. Estaban dos de los Haro, muy altos, fornidos, de los Luna sobresalían tres, los demás eran más chaparrones…pero todos tenían una mirada fiera.
__  A, se le hace muy poca cosa el prieto, tonces quiere alguien que le dé mas pelea… tonces escoja  a ese, el que se quito la camisa, mire se le ven buenas carnes para que se rajen el alma.
Nada respondió, siguió mirándolos a todos.
__ ¡Escoge jijo de la chingada! ¡Escoge! ¿O tienes miedo?
__ ¡No, mi jefe no le tiene miedo a nadie! ¡Ya sabe a quién va a escoger! ¡Y luego yo voy a escoger a otro!
Por esa razón por fin hablo el Gavilán.
__ Ta bueno, ta bueno, pero con una condición, si yo gano me van a dejar ir.
Los Luna y los Haro se miraron unos a otros.
Fermín Haro pensó para si “Ellos te dejarán ir, pero yo nunca jijo de la chingada”
__ Está bueno__ Dijo Anastasio __ Está bueno, si ganas te dejamos ir,  pero escoge ya, y sé que me vas a elegir a mí,  mi machete ya esta temblando por despedazarte el culo.
__ No, no te escojo a ti…lo escojo a él.
Todos voltearon sorprendidos al mirar a quien apuntaba.